hit tracker
La otra economía » España

Notas archivadas en 'España'

La ministra de Economía se apunta al rojerío

Elena Salgado dice que ganar el Mundial será bueno para la economía española porque, según ella, “ganar un mundial es una prueba de que cuando nos proponemos algo, lo conseguimos, y que además nos crecemos ante las dificultades. Todo eso es bueno, da confianza en nuestro país, dentro y fuera, y eso también será bueno para el PIB”. ¡Toma ya análisis sesudo de la ministra de Economía del país cuya tasa de desempleo duplica a la de la media comunitaria!

Menos mal que no lo perdimos porque, si no, hoy mismo el resto del mundo se habría dado cuenta de que estamos en crisis, la Bolsa se habría hundido, el riesgo país se habría disparado hasta la estratosfera, el paro habría llegado a los cinco millones de desempleados e, igual, hasta el gobierno hubiera tenido que dimitir en bloque.

Además, ya puestos a ver lo bueno, también deberíamos haber valorado las posibilidades de haber perdido y, por si acaso, y dado que el futuro del país estaba en sus botas, tendríamos que haberles subido un poquito más la prima a los futbolistas. ¿Qué son 600.000 euros por defender no sólo los colores de tu país sino también por salvarlo de la hecatombe económica?

Pero lo que me parece más grave es que la ministra peca de un cinismo que se podía ahorrar cuando se atreve a plantear que el principal problema que subyace tras esta crisis es de confianza, es decir, de condiciones subjetivas ignorando que difícilmente puede ser de otra manera. Tratamos de convertir la economía en una cuestión de psicología barata olvidando lo básico: que las condiciones subjetivas cambiarán cuando, realmente, cambien a mejor las condiciones objetivas.

Y, si tiene dudas al respecto, que se siente con alguno de los más de cuatro millones de desempleados a los que seguro que les hace muy poquita gracia oír que el origen de su problema es que son unos desconfiados, que esto se arregla a base de ganar mundiales y que, tranquilos, que dentro de nada encontrarán empleo porque una victoria en el Tour de Francia está a la vuelta de la esquina.

Sobre la prohibición del burka

Ante la oleada prohibicionista del “burka” que se ha producido en algunos municipios españoles en las últimas semanas, a pesar de que en muchos de ellos nadie ha visto a una mujer vistiendo ni siquiera un velo integral, creo que este texto de la Liga de los Derechos Humanos de Francia aporta bastante luz sobre un tema en el que se trata de combatir el fundamentalismo con fundamentalismo de signo contrario.

Del mismo creo que es oportuno destacar este párrafo: “Ahora bien, la libertad no se impone jamás por la fuerza; resulta de la educación, de las condiciones sociales y de una decisión individual; no se emancipa a la gente a su pesar, no se puede más que ofrecerles las condiciones de su emancipación. Para hacer progresar la igualdad y lo mixto entre los hombres y las mujeres, lo que es urgente es promover políticas en los terrenos educativos, salariales y profesionales, derechos sociales, un mejor acceso a la salud y al control de la procreación. Estos problemas conciernen a millones de mujeres en la Francia de hoy y no son en absoluto tratados de forma prioritaria. Un absceso de fijación sobre algunos centenares de casos no hace ciertamente avanzar la igualdad, que reclama al contrario volver a la solidaridad entre todas las mujeres”.

Hasta que no entendamos esto y lo pongamos en práctica difícilmente podrá superarse el problema al que se enfrentan esas mujeres a las que, mientras tanto, se dedican a estigmatizar aún más.

Los corruptos son los otros

Haciendo gala de esa incoherencia entre el discurso y la acción que caracteriza la gestión de este gobierno, ayer conocíamos que a pesar del anuncio realizado por la directora general del Tesoro tras la cumbre del G-20 celebrada en Londres de que en España se iba a redactar una ley para combatir el blanqueo de capitales que superaba con mucho las directrices europeas, finalmente ésta no va a ser tan dura como se publicitó en aquel momento de euforia reformista del capitalismo.

Así, en un primer borrador, el gobierno planteó la necesidad de que las cuentas de los políticos españoles y sus familiares y allegados fueran objeto de una especial vigilancia.

Los motivos para justificar esa medida no creo que estén fuera del entendimiento y la intuición de cualquier ciudadano. Es más, si damos por buenos los informes que realiza Transparencia Internacional, entre 2004 y 2009 España ha caído 6 puestos en el índice que elabora esa institución hasta situarse en el lugar 28 de un total de 180 países, compartiendo el  honor con Qatar. Es decir, durante los años del boom inmobiliario el índice de corrupción de nuestro país ha empeorado de forma significativa.

Creo que a nadie se le escapa las relaciones de causalidad directa entre el boom inmobiliario, la implicación de numerosas autoridades municipales en la expansión de la corrupción vinculada a ese negocio, el empeoramiento del índice de Transparencia Internacional y el aumento del número de casos de esa naturaleza en los juzgados.

En consecuencia, no sería ningún disparate plantear que la propuesta de que las cuentas de los responsables políticos y su entorno estuvieran sujetas a una especial vigilancia como medida preventiva no resulta especialmente desatinada y, al menos, introduce un elemento disuasorio adicional tendente a favorecer, de alguna forma, el autocontrol.

Pues bien, nuestro gobierno, con el apoyo del resto de partidos políticos excepto IU-ECV (¡mira por dónde que para esto si se ponen de acuerdo casi todos!), han decidido que las únicas personas con responsabilidad pública que deben estar sometidas a ese régimen de vigilancia preventiva especial son “aquellas personas físicas que desempeñen o hayan desempeñado funciones públicas importantes en otros Estados miembros de la Unión Europea o en terceros países”. O, lo que viene a ser lo mismo: ¿a quién se le ocurre pensar que un político español pueda ser corrupto? ¡Vade retro! Los corruptos son los otros, que diría el equivalente hispano de Sartre, y es a ellos a quienes hay que vigilar. Los nuestros, simplemente por el hecho de serlo, están inmunizados frente a ese virus.

Sin embargo, aunque yo no tenga la menor duda de que la mayor parte de nuestros políticos son personas honradas que viven de su trabajo, ya sea en la política o en otros ámbitos, también creo que la expansión generalizada de la corrupción durante estos últimos años hubiera podido atemperarse estableciendo mecanismos de supervisión y regulación mayores y mejores que impusieran la transparencia como principio ineludible al que debe someterse cualquier cargo electo.

Las razones me parecen obvias: si desgraciadamente hemos dejado atrás una concepción de la política basada en comportamientos éticos intachables; si el virus de la avaricia del que se nutre el capitalismo ha calado tan hondo entre la población que ha anulado valores tan socialmente importantes como el del honor, la dignidad o el respeto por lo público, los ciudadanos nos vemos obligados a protegernos articulando mecanismos de supervisión frente a esa enfermedad. No nos queda otra.

Insisto, no se trata de cuestionar la honorabilidad de la mayor parte de nuestra clase política. No, no es eso ni yo la pongo en duda en términos globales. Se trata de asumir que dónde antes existían valores que refrenaban comportamientos moral y éticamente reprobables, ahora nos encontramos con un sistema económico que favorece la apropiación privada y particular, incluyendo también la ilícita, de la cosa pública. Y la favorece porque, entre otras cosas, minusvalora la importancia de ésta, cuestionando la gestión que de la misma se hace desde la política y fomentando, en consecuencia, su privatización. Una tendencia que encuentra su expresión más exagerada y extrema en la corrupción.

Y si, además, también pensamos que la ideología neoliberal dominante concibe al ciudadano como un ser racional, maximizador, egoísta y avaricioso; si se ha producido una mutación antropológica que está deteriorando aceleradamente los patrones de comportamiento sociales basados en la ética , entonces nos encontramos con un margen prácticamente nulo para pensar que la autorregulación de la política basada en valores de esa naturaleza puede constituir un freno suficiente para evitar la corrupción.

Aceptando matizadamente que ese es el estado de cosas actual, creo que es legítimo e, incluso, necesario que reclamemos de todos aquellos que se dedican a la política -en tanto que actividad vinculada al cuidado y preservación de la cosa pública, la de todos-, un plus de transparencia que en nada debiera resultar ofensivo para quienes deciden emplear parte de su vida en la misma. Y a quien no le guste, ya sabe dónde está la puerta y el tajo.

¡Es la deuda privada, estúpido!

Hoy publico en Público un artículo sobre una cuestión que creo que no se está exponiendo en los términos adecuados. Todo el mundo habla de que nos encontramos ante una crisis de deuda soberana y, aunque no niego que la deuda soberana se ha convertido en un problema importante (originado, no lo olvidemos, por los planes de rescate del sistema financiero), lo que sí que se hace es una lectura interesada que sitúa el centro de atención en ésta y obvia que lo que de verdad temen los mercados financieros es la posición de solvencia de las empresas españolas y su capacidad de atenderla.

Podéis leerlo aquí.

En solidaridad con los trabajadores del Metro de Madrid

Mientras los medios de comunicación tratan de hacer lo posible por enfrentar a los trabajadores del Metro de Madrid con los usuarios de ese servicio y por mostrar la huelga como una respuesta desmesurada por parte de los trabajadores, yo veo una luz al final del túnel.

Después de tanta desidia colectiva parece que por fin surge un cierto grado de inconformismo social que no sólo se extiende al ejercicio del derecho a la huelga frente a una interpretación extensa de lo que debe considerarse un empleado público y los recortes salariales que les corresponden, sino que también se niega a aceptar que la regulación de los servicios mínimos pueda constituir el mecanismo administrativo que permita la desactivación de la reivindicación laboral.

Las huelgas no son salvajes y, si lo son, será porque están a la altura del salvajismo que nos circunda. Ni más, ni menos.

Afortunadamente, este primer “brote verde” no lo están sembrando sólo los trabajadores del Metro. También se ha articulado una plataforma de usuarios solidarios que entiende que lo que está ocurriendo en este país necesita, sobre todo, del renacimiento de la conciencia de clase.

Aquí podéis encontrar su decálogo.

Donde dije digo ahora digo Rodrigo

Hay gente de memoria tan frágil o de cinismo tan elevado que son capaces de decir una cosa y hacer la contraria sin que medie entre la declaración y la acción apenas seis meses.

Y no me estoy refiriendo a alguien cuyas declaraciones o decisiones pudieran ser tan irrelevantes social y económicamente como las mías. No. Me estoy refiriendo a un ex vicepresidente del gobierno, ex ministro de Hacienda, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional y actual presidente de una de las principales cajas de ahorros del país, Caja Madrid. Me estoy refiriendo a Rodrigo de Rato y Figaredo.

Y es que Rato hace apenas unos meses dirigió un comité de “independientes” pagado por Unespa (la asociación empresarial de aseguradoras, mire usted por dónde) en donde se concluía -y entendemos que él mismo suscribía-, entre otras cosas:

a) que el sistema español de pensiones dejará de ser viable en 2022 si no se acomete cuanto antes una reforma;

b) que se debe tratar de prolongar la vida laboral efectiva de los españoles y que el principal camino para hacerlo era eliminar las prejubilaciones masivas;

c) que esas prejubilaciones utilizan el sistema al sistema público de pensiones para ajustar el mercado laboral y para sacar del sistema de empleo a personas a partir de los 50 años;

d) que no tiene sentido que el erario público subvencione las prejubilaciones y que, en su opinión, debería ser al contrario, es decir, que las ayudas se dedicaran a que los empleados de mayor edad permanecieran más tiempo trabajando;

e) y, ya de paso, aprovechaban para pedir que se alargue la vida laboral, elevando la edad legal de jubilación, y que se considerara toda la vida laboral para el cálculo de las pensiones.

Pues bien, se ve que lo que entonces Rodrigo de Rato, en tanto que director de este grupo de trabajo, entendía por bueno para la viabilidad del sistema de pensiones (otra cosa es que lo sea y a otras propuestas me remito), ya no lo es tanto cuando de aplicarlo en carne propia se trata.

Basta con ver como tras el acuerdo de fusión de Caja Madrid y Bancaja, Rato ha anunciado que se van a prejubilar a 3.400 personas.

A eso se le llama coherencia en el manejo de doble discurso que tan caro resulta a estos liberales de pacotilla cuya único compromiso es con su cartera y nunca con las ideas de las que tanto se llenan la boca. Porque si al menos fueran coherentes con las ideas merecerían respeto pero cuando tan sólo se es coherente con los intereses el único merecimiento al que optan es al oprobio.

Rato debería saber que uno no debería ser liberal cuando la banca obtiene beneficios y luego apelar al Estado, al que tanto se ha denostado, cuando aparecen las pérdidas; que uno no debe defender la ampliación de la edad de jubilación y luego, cuando toca ponerlo en práctica en la empresa que dirige, recurrir a las prejubilaciones; que uno no debe criticar las subvenciones y transferencias para la economía productiva o los desempleados y luego demandar 4.465 millones de euros para acometer una fusión que, de no producirse, habría acabado con la quiebra de Caja Madrid.

Son socialistas como Rodrigo de Rato los que están a punto de acabar con el capitalismo. Qué paradoja, ¿no?

Una moderación salarial bien entendida

Como España va bien y el extranjero no veas, los consejeros de las grandes empresas españolas que cotizan en el IBEX se subieron el sueldo en 2009 un 14% respecto al año anterior. De manera que, por término medio, un consejero de alguna de esas empresas vino a cobrar el año pasado en torno a 699.000 euros, céntimo arriba céntimo abajo.

¿Quién dijo crisis? Crisis es lo que padecemos tú y yo. Lo que sufre esta gente tiene otro nombre y no es tan malo como lo nuestro. O, por lo menos, a mí no me lo parece.

Un ajuste que no toque el gasto social sí es posible

Creo firmemente que el recorte del déficit público se podía haber hecho por otras vías toda vez que, se hiciera por donde se hiciera, a los mercados les iba a parecer insuficiente, como se ha demostrado tras el anuncio del recorte que fue seguido de caídas pronunciadas en los índices bursátiles.

Zapatero erraba si pensaba que con eso iba a calmar la sed de sangre de los especuladores y podía haber lanzado al menos un mensaje destinado a demostrar que, efectivamente, el esfuerzo se reclamaba a todos y no sólo a los de siempre. Ni siquiera a eso se atrevió.

En cualquier caso, como me preguntaron desde Público por dónde se hubiera podido meter la tijera, pues lancé algunas propuestas. Algunas de ellas complicadas de aplicar, no lo niego, pero sí que muestran que había otras formas menos gravosas socialmente de recortar el déficit público. Las podéis leer aquí.

La izquierda económica plantea alternativas

El artículo que publicaba ayer en Público coincidía, lamentablemente, con las medidas más drásticas contra la ciudadanía de este país aprobadas durante la democracia y por un gobierno que se dice socialista. Unas medidas que reproducen, en gran medida, las de los draconianos ajustes que el Fondo Monetario Internacional gusta de recomendar y de las que tanto saben en los países latinoamericanos que suelo frecuentar. Son las medidas que convirtieron los años noventa en la década perdida de esa región y son, por tanto, las que difícilmente contribuirán a sacarnos de la crisis.

Como escribiré en estos días, no son más que nuevamente un conjunto de medidas deslavazadas, orientadas a generar confianza en los mercados pero que siguen sin entrar al fondo del asunto.

Y es que nos encontramos ante dos problemas graves que deben afrontarse conjuntamente ofreciendo una solución integral y estructural que trasciende lo económico y, evidentemente, nuestras fronteras..

Por un lado, se encuentra el problema particular español que es su elevadísimo nivel de endeudamiento, especialmente el externo: casi 1,8 billones de euros en términos brutos. De eso no tienen la culpa ni los griegos ni los portugueses ni los irlandeses. Nosotros solitos nos lo hemos trabajado con el sudor de nuestra frente y ningún gobierno, especialmente el socialista de estas últimas legislaturas, ha hecho nada para frenarlo cuando aún se estaba a tiempo.

Y, de otro lado, esos problemas internos tienen repercusiones a nivel externo, es decir, generan externalidades sobre el conjunto de la zona euro que acaban por poner de manifiesto sus contradicciones internas. Unas contradicciones que estaban presentes desde sus orígenes pero que no habían estallado porque no había dado tiempo a que los comportamientos disfuncionales de algunos de sus miembros llegaran a límites insostenibles.

Ya ha llegado ese momento y, por lo tanto, o se afronta una reforma ambiciosa de la Unión Monetaria que acabe convirtiéndola en los Estados Unidos de Europa o esto acabará saltando por los aires.

Pero, bueno, de esto ya escribiré más argumentadamente otro día. En cualquier caso, y como continuación de ese artículo, volvieron a entrevistarme en Público junto a otros economistas de izquierda de este país y aquí está el resultado.

Es curioso que en el primer comentario se nos reproche que dónde estábamos los economistas de izquierda antes de que esto saltara por los aires y el gobierno dijera que no iba a tocar los pilares del estado de bienestar cuando lo que hacía era tomar medidas que lo estaban dinamitando.

Yo, humildemente, llevo predicando en el desierto a través de este modesto blog y de otros medios de comunicación alternativos desde hace algún tiempo. Y por aquí seguiré mientras pueda y me dejen.

Igual la cuestión no era dónde estábamos los economistas de izquierda estos años atrás sino a dónde se habían marchado quienes ahora se acaban de despertar de un sueño y se encuentran con que la realidad idílica en la que creían vivir se ha vuelto una pesadilla.

Más carnaza para los tiburones

Hoy publico en Público un artículo sobre el “histórico” fondo europeo de rescate. Mientras ayer lo escribía, la evolución de los mercados me iba dando la razón. Nadie otorga confianza a esa medida como solución para la crisis del euro y lo peor es que se van quemando opciones sin que la crisis remita. Habrá que esperar a ver cuál será la próxima solución “histórica” para la misma. Tal vez, ¿expulsar a los “cerditos” de la Unión Monetaria? No lo descartéis porque seguro que más de uno lo ha pensado ya.

Podéis leer el artículo pinchando aquí.

Alberto Montero