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Notas archivadas en 'España'

Nuestros diputados nos ahorran trabajo y ratifican el Tratado de Lisboa

Bueno, pues ya está. Sin que en este país nadie se haya pronunciado a favor ni en contra de un texto que, de entrar en vigor, regirá nuestro destino, condicionará nuestra vida diaria y será utilizado para justificar reformas que irán en detrimento de derechos sociales con la sempiterna cantinela de que “no es cosa nuestra, es una directiva europea que debemos acatar”, nuestros parlamentarios acaban de ratificar el Tratado de Lisboa por mayoría.

De esa forma, lo que era malo para los irlandeses resulta que para nosotros debe ser bueno y si no nos preguntan es porque ni tenemos tiempo para leer el Tratado, ni entenderíamos lo que allí pone ni, de entenderlo, comprenderíamos que eso es precisamente lo que nos conviene.

Así que en el Congreso nos han ahorrado el trabajo y han decidido ellos por nosotros. ¿Que cuántos de los que han votado a favor se han leído el Tratado? Pues, yo estoy casi seguro de que todos, ¿tú no? Sería una falta de responsabilidad aprobar algo de tanta trascendencia como un texto constitucional para Europa sin haberlo leído, ¿no crees?

Esto es España. Aquí no puede ocurrir como en Irlanda que el primer ministro, Brian Cowen, a pesar de pedir la aprobación del Tratado, reconoció que no lo había leído. En España, eso sería impensable. Estoy seguro de que todos los parlamentarios que han votado hoy a favor del Tratado se lo han leído.

De hecho, yo creo que por eso, entre otras cosas, no nos han dejado que lo votemos. Porque no lo íbamos a leer e íbamos a votar al buen tuntún. En realidad, eso es, entre otras lindezas, lo que los líderes europeos reprochan a los irlandeses: que lo han votado sin leerlo ni comprenderlo.

Imagínate que aquí gana el “no” como en Irlanda. En menudo lío metemos a España. Sería ponernos en boca de toda Europa y nosotros, los españoles, si no es en fútbol, eso no lo llevamos bien.

Los costes laborales y la neutralidad del lenguaje

Para que luego digan que el lenguaje es neutral y que los medios de comunicación no están contribuyendo a la progresiva interiorización de un determinado discurso económico de signo marcadamente conservador entre la población.

Así, según destaca El País en titulares, “cada trabajador cuesta a las empresas 2.307 euros al mes”.

Como si el trabajador no aportara su trabajo al proceso productivo y tuviera derecho a una remuneración justa a cambio del mismo. Como si el trabajador no debiera percibir una parte del producto total que contribuye a producir. Como si la remuneración del trabajo sólo fuera un coste para la empresa y no, también, la principal fuente de renta para la mayor parte de la población que no tiene otro recurso para subvenir sus necesidades que ofertar su trabajo. Como si, a pesar de ello, las grandes empresas españolas no hubieran tenido en 2007 beneficios multimillonarios.

En definitiva, como si la culpa de la crisis la tuviera, como siempre, el aumento de los costes laborales. 

¿Un nuevo modelo productivo?

Realmente la capacidad de nuestro presidente del gobierno para vender humo no tiene límites. O no se entera de nada; o sus ministros le engañan; o no tiene ningún tipo de pudor en engañarnos a nosotros. Pocas posibilidades más se me ocurren.

¿Que por qué digo esto? Pues lo digo porque hace un par de días, al reunirse con los agentes sociales para explicarles las líneas de sus planes de futuro y la necesidad de avanzar en la concertación social para evitar conflictividad innecesaria en tiempos de crisis, no tuvo empacho en afirmar que es necesario impulsar un cambio en el modelo productivo.

Hasta aquí perfecto. Es más, era lo mínimo que se podía esperar después de tener en cuenta la situación en la que se encuentra la economía española como consecuencia de la apuesta decidida que se hizo por la construcción durante los últimos años.

Sin embargo, no hay que irse muchos días atrás para encontrar estas declaraciones del acutal ministro de Industria, Miguel Sebastián: “Industria apuesta por fomentar el turismo de la tercera edad y modernizar el ‘sol y playa’” quien, añade, a continuación, que ello tendrá un impacto inmediato y ayudará a reactivar la construcción.

¿Así que es éste el nuevo modelo productivo por el que apuesta Zapatero?

Pues, por un lado, se parece bastante al de finales de los sesenta cuando se decidió que el turismo de sol y playa podía contribuir decisivamente a dinamizar la economía. Y, por otro lado, sigue confiando en hacer todo lo posible por recuperar el sector de la construcción y que sea éste el que vuelva a tirar del carro.

Total, más de lo mismo aunque, eso sí, que por palabras altisonantes no quede. De hecho, se pueden utilizar todas menos una: crisis.

Lo que trabajan las mujeres españolas y nadie les reconoce

Estos datos del Instituto Nacional de Estadística creo que no pueden dejar indiferente a nadie aunque hayan pasado sin pena ni gloria por los medios de comunicación: el trabajo no remunerado desarrollado en el hogar es equivalente al 27,4% del PIB español y, del mismo, el 73% es realizado por las mujeres. [Sigue leyendo →]

España azotada por la crisis financiera internacional y los bancos sin saberlo

¿Tiene sentido que el gobierno siga responsabilizando a la crisis financiera internacional de la situación de crisis de la economía española después de saber que los bancos que operan en España ganaron durante el primer trimestre del año más de 5 mil millones de euros, un 10% más que en el mismo periodo del año anterior?

¿No será que a alguien le interesa seguir atribuyendo la crisis económica nacional a factores internacionales para eludir la responsabilidad en la promoción de un patrón de desarrollo basado en la construcción compulsiva y del que se sabía que sus días serían más o menos largos pero, también, que estaban contados?

¿Y no será que esa argumentación también viene a facilitar la justificación del ministro de Economía y, en definitiva, de este gobierno para no aplicar una política contracíclica más activa a nivel nacional?

No, no puede ser eso. Debe de ser que soy muy mal pensado. Sí, eso debe de ser.

Si es que no sabemos lo que nos conviene

En el último apunte señalaba que estaba a punto de aprobarse una directiva comunitaria que posibilitaba que los Estados miembros pudieran extender la jornada laboral hasta las 65 horas. Ayer se aprobaba ya la directiva en cuestión.

Este hecho, de entrada, es muy expresivo del margen con el que cuenta la ciudadanía europea para hacer llegar sus opiniones y pareceres a ese supragobierno no electo que gestiona –porque gobernar con criterios de empresa se denomina “gestionar”- la Unión Europea y el futuro de sus ciudadanos.

Aquí nadie se entera de nada hasta que no sale en la prensa el día antes a que se discuta y se vote. A continuación, desde allí nadie da explicaciones de nada porque, como la toma de decisiones es colectiva, todo el mundo se escuda en su limitada capacidad de influencia y, a lo sumo, se justifica diciendo que votó en contra. Y luego, de nuevo ya aquí, y como se supone que somos tan demócratas, pues a acatar el resultado de la votación sin rechistar y a seguir comulgando con ruedas de molino con lo que se decide sin nuestra participación.

Pero, además, en algunos casos lo que ya no es de recibo es el cinismo que se despliega para tratar de justificar lo injustificable como es este retroceso en derechos laborales conseguidos hace más de noventa años.

Así que, por si tenéis el juicio ofuscado o, realmente, no sabéis lo que os conviene, el Comisario de Empleo, el checo Vladímir Spidla, se ha preocupado de aclararnos a todos que esta directiva “es un paso adelante para los trabajadores”.

La valoración en cuestión me ha traído a la mente una frase cuya autoría atribuyen a Pinochet un par de años después de su golpe de Estado en Chile (aunque también la he oído otorgándole la autoría a Carlos Menem en Argentina). Dicen que dijo entonces: “En 1973 estábamos al borde del abismo; y hoy, con orgullo, podemos decir que hemos dado un paso al frente”. La lástima es que no se despeñara.

Pues eso. Europa sigue dando pasos al frente pero avanzando hacia la retaguardia. Una forma de avanzar un tanto rara, ¿no? 

Al presidente del BBVA le parece mal que el gobierno ayude a las familias

Deber resultar muy fácil para el Presidente del BBVA, Francisco González, que en 2007 cobró casi 10 millones de euros por distintos conceptos más otros tantos para su fondo de pensiones particular (que ya se eleva a más de 53 millones de euros) decir en público, ante la crisis que tenemos encima, que “las familias deben hacer sus deberes y no pedir ayudas al gobierno”.

Sí, debe ser realmente fácil para una persona cuyos ingresos equivalen a más de 500 veces el salario medio español acusar de pedigüeños a las familias que están hipotecadas hasta las cejas en la institución que él preside o en otras de su sector.

Eso sí, en la presentación de los resultados del BBVA a principios de año, no dudó en pedir medidas fiscales al gobierno para reactivar la economía. Evidentemente, todas ellas a favor del incremento del excedente empresarial y de la profundización del grado de flexibilidad de la economía y, más concretamente, del mercado de trabajo.

¿Por qué demandaba entonces lo que ahora le niega a otros? ¿Por qué para unos sí y para otros no, señor González?

La Europa de la vergüenza

Ya he escrito estos días atrás sobre la directiva europea sobre retorno de los inmigrantes ilegales que está elaborando la Comisión Europea y a la que ya denominan la “Directiva de la vergüenza”.

Esta norma, dedicada a regular la repatriación por la vía rápida de personas que se encuentren de forma irregular en el territorio de la Unión Europea, contiene entre otras medidas:

- la posibilidad de retener a los inmigrantes sin papeles hasta 18 meses en centros de internamiento con una simple orden administrativa y sin que se medie la intervención de un juez (su papel quedaría relegado a confirmar la decisión “lo antes posible”).

- la prohibición de entrar en el territorio de la Unión Europea durante un periodo de 5 años a toda aquella persona que hubiera sido expulsada.

- o el internamiento conjunto en los mismos centros de adultos y mayores.

En definitiva, una aberración que debería avergonzarnos a todos.

Pues bien, la citada directiva se votó el pasado día 7 de mayo en el Comité de Representantes Permanentes ante la Unión Europea como paso previo a su votación en el Parlamento Europeo que inicialmente estaba prevista para el día 5 de junio.

En esa votación previa, la Directiva se rechazó porque 11 de los 27 países votaron en contra.

¿Sabéis qué votó España? ¿Que no? ¿Ningún miembro de nuestro gobierno lo ha dicho? Pues sabed que España votó a favor de la aprobación de la Directiva.

Pero, frente a la opinión de España, la Directiva no se aprobó porque otros Estados pensaron que aún era excesivamente laxa. O sea, se constató aquello de que “otros vendrán que buenos nos harán”.

Reino Unido y Suecia votaron en contra porque en sus países la retención de los inmigrantes sin papeles se puede extender ilimitadamente y, por lo tanto, 18 meses les parecía poco.

Por otro lado, Austria, Alemania y Grecia se opusieron a que los Estados tengan que asumir los costes de la asistencia jurídica a los inmigrantes.

Y, finalmente, Francia se negó a votar favorablemente porque pretende que la expulsión de los menores sea también inmediata.

Así que, de momento, la aprobación de la Directiva se encuentra paralizada. Dado que no se aprobó en el trámite previo, no llegará al Parlamento Europeo. Pero, que no cunda el pánico, ahora se abre un periodo para proceder a renegociarla con los Estados que se opusieron y para que, consecuentemente, el resultado sea aún mucho más regresivo y contrario a los derechos humanos más básicos. Siempre se puede ir a peor o, como escribía hace un par de días, avanzamos retrocediendo.

Si queréis manifestar vuestra repulsa a esta Directiva podéis firmar en su contra en este enlace

 

Vidas minadas (discurso de Gervasio Sánchez en los Premios Ortega y Gasset)

Me ha llegado hoy, a través mi siempre vigilante amigo Sebas, el texto del discurso del periodista gráfico Gervasio Sánchez en la entrega de los Premios Ortega y Gasset del pasado 7 demayo.

Ya sé que hace varias semanas de ello y que circula por otros blogs porque ni El País ni el Heraldo de Aragón, periódico que convocaba el premio, el primero, y para el que trabaja Gervasio, el segundo, lo recogieron salvo en una diminuta referencia a que su contenido aludía a la política armamentística de España.

Así que, aunque pudiera parecer un poco tarde para publicarlo, creo que, en primer lugar, nunca es tarde para hacerse eco de las valientes palabras de denuncia de otros y, menos, cuando la situación a la que se refiere persiste en el tiempo. De hecho, de lo que se queja Gervasio es de la persistencia en el tiempo del problema que denuncia y de la hipocresía en torno al mismo.

Y, en segundo lugar, porque hay que tener muchas narices para decir lo que dice delante de la Vicepresidenta del Gobierno, de varios ministros y ministras, de ex ministros del Partido Popular, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, del Alcalde de Madrid y del presidente del Senado y ese valor, sea cuando sea, hay que reconocerlo y aplaudirlo. Tanto más cuanto sus palabras están tan cargadas de razón.

La foto es suya y es la premiada. Se llama “Sofía y Alia” y pertenece a la serie “Vidas minadas”

Os dejo con el discurso. [Sigue leyendo →]

Avanzar retrocediendo

Era evidente que los efectos colaterales de la crisis económica también acabarían reflejándose en el tratamiento gubernamental de la emigración.

En su comparecencia de ayer en el Congreso, el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, no sólo endureció el discurso sobre la misma, sino que anunció que se estaba planteando una reforma de la Ley de Extranjería que incorporará algunos de los elementos de la polémica directiva que se están discutiendo actualmente en Europa y que esperan aprobar en junio; aún no sabemos cuáles.

Lo que sí sabemos es la valoración que hizo el ministro de una directiva que atenta gravemente contra los derechos humanos y se salta a la torera las más mínimas garantías jurídicas que rigen –o deberían regir- para cualquier persona en nuestra civilizada Europa. Y es que, en su opinión, dicha directiva “se puede ver como un retroceso o como un grave problema (…) pero es un avance en la armonización de las políticas europeas”.

Magnífica declaración ministro: Europa avanza retrocediendo. Retrocediendo en derechos, retrocediendo en garantías, retrocediendo en humanidad. Eso sí, de forma armónica. Un gran avance colectivo, sí señor.

Alberto Montero