An de güiner is…
¿Emilio Botín…
… o Francisco Franco?
¿Emilio Botín…
… o Francisco Franco?
Nueve niños como los que aparecen en este video han perdido su vida en las aguas del Mediterráneo cuando sus madres los llevaban consigo en su intento de llegar a las costas españolas y ofrecerles un futuro.
Nueve vidas truncadas en el albor de sus días. Nueve sonrisas que no volverán a brillar. Nueve miradas inocentes que ahora devoran los peces.
Escucha la música, mira las imágenes e imagina que el mundo no fuera una mierda. Difícil, ¿verdad?

No sólo en Italia se plantean de forma vergonzosa la necesidad de distinguir entre inmigrantes-solución e inmigrantes-problema. También en Alemania parece que tienen claro que el derecho de toda persona a circular libremente y tratar de mejorar sus condiciones vitales debe estar restringido y limitado a quienes resulten funcionales al proceso de acumulación económico. Ni más ni menos.
Mientras que en Italia la discusión se planteaba en torno a los inmigrantes encargados de cubrir las lagunas asistenciales del Estado de bienestar y los problemas que generaría su expulsión, en Alemania la diferencia entre ambas categorías de inmigrantes –solución y problema- se plantea sobre otras bases.
Así, el gobierno alemán, el mismo que quiere mantener las restricciones a la entrada de trabajadores comunitarios de origen búlgaro o rumano, está estudiando un proyecto para facilitar la entrada y permanencia de graduados universitarios extracomunitarios.
Esos son, para Alemania, sus inmigrantes-solución, los que le ayudarán a seguir manteniendo su poderío económico mientras en los países de origen se asiste impotente a la sangría de titulados universitarios hacia las naciones ricas. Si antes fueron las materias primas, ahora son sus cerebros más privilegiados o su personal más cualificado el que es importado a precio de saldo.
¿Se puede tener una concepción más utilitarista del ser humano?
Cuando se anunció la composición del nuevo gobierno y se comprobó que Jesús Caldera, ex ministro de Trabajo, ya no iba a formar parte del mismo, hubo un cierto revuelo. Caldera justificó su ausencia del gobierno diciendo que el presidente Zapatero le había encargado “una misión en el terreno de las ideas”. Reconozco que fui un poco malo y pensé: “pues le habrá encargado que tenga alguna, para variar”.
Mi maldad, hasta cierto punto, no estaba muy desencaminada. A Caldera le encargaron que creara un think tank de pensamiento progresista para que nutriera de ideas al PSOE, la Fundación de Estudios Progresistas (para que no cupiera ninguna duda respecto a lo que se pretende cocinar allí dentro), y, al parecer, la misma ya está dando sus primeros resultados.
En el Congreso del PSOE que se está celebrando estos días, Caldera ha comenzado a exponerlos: “la culpa de la crisis es de Bush”. Sin comentarios.
Para que luego digan que el lenguaje es neutral y que los medios de comunicación no están contribuyendo a la progresiva interiorización de un determinado discurso económico de signo marcadamente conservador entre la población.
Así, según destaca El País en titulares, “cada trabajador cuesta a las empresas 2.307 euros al mes”.
Como si el trabajador no aportara su trabajo al proceso productivo y tuviera derecho a una remuneración justa a cambio del mismo. Como si el trabajador no debiera percibir una parte del producto total que contribuye a producir. Como si la remuneración del trabajo sólo fuera un coste para la empresa y no, también, la principal fuente de renta para la mayor parte de la población que no tiene otro recurso para subvenir sus necesidades que ofertar su trabajo. Como si, a pesar de ello, las grandes empresas españolas no hubieran tenido en 2007 beneficios multimillonarios.
En definitiva, como si la culpa de la crisis la tuviera, como siempre, el aumento de los costes laborales.
Hace unos días encontraba este documental que, no sólo me parece magnífico, sino que complementa a la perfección el de “La historia de las cosas” que insertaba en este cuaderno hace unas semanas.
Se titula “La isla de las Flores” y es del brasileño Jorge Alberto Furtado. Nuevamente os digo que creo que merece la pena dedicarle los escasos diez minutos que dura. Con él os dejo.
La polémica existente en Italia en torno al proyecto de convertir la inmigración ilegal en delito está contribuyendo a poner crudamente sobre la mesa los términos del debate sobre esa cuestión y la filosofía utilitarista que domina los planteamientos al respecto de nuestros representantes políticos.
La ministra de Igualdad de Oportunidades italiana, Mara Carfagna, planteó con claridad cómo debe abordarse el fenómeno de la inmigración en Italia y, de paso, cómo se aborda en muchos otros países, incluido el nuestro.
O sea, son inmigrados-solución los que permiten cubrir los huecos de los raquíticos Estados de bienestar mediterráneos contribuyendo al mantenimiento de una red de solidaridad social basada en la familia mediante su trabajo clandestino como asistentes domésticos o cuidando de ancianos y niños. O son inmigrados-solución los que, en condiciones de explotación y, generalmente, de ilegalidad, realizan los trabajos más duros e ingratos, aquéllos que los ciudadanos europeos ya no quieren realizar pero que alguien debe de hacer.
Por su parte, son inmigrados-problema todos aquellos que, cuando llega la crisis, son los primeros en perder su trabajo y andan deambulando sin derechos ni prestaciones sociales a la búsqueda de alguna forma de ganarse la vida.
Quien ayer fue parte de la solución, mañana se convierte en el problema. Y, para cuando eso llegue, el gobierno italiano y la mayor parte de los gobiernos europeos quieren tener la pierna preparada para darles la patada. Ni más, ni menos.
El mundo necesita 30 mil millones de dólares al año para erradicar el hambre y posibilitar que 862 millones de personas puedan comer todos los días y no estén a punto de morir de inanición. No lo digo yo, lo dice el Director General de la FAO, Jacques Diouf.
Mientras tanto, en el año 2006, el mundo gastó cuatro veces esa cantidad en armamento. Un monto al que se pueden añadir otros 100 mil millones de dólares, que es el importe al que ascendió el valor de los alimentos desperdiciados, o los 20 mil millones que supusieron el exceso de consumo de las personas obesas en ese año.
El mundo está loco… esto sí lo digo yo, aunque también lo pensará Diouf.
Me ha llegado hoy, a través mi siempre vigilante amigo Sebas, el texto del discurso del periodista gráfico Gervasio Sánchez en la entrega de los Premios Ortega y Gasset del pasado 7 demayo.
Ya sé que hace varias semanas de ello y que circula por otros blogs porque ni El País ni el Heraldo de Aragón, periódico que convocaba el premio, el primero, y para el que trabaja Gervasio, el segundo, lo recogieron salvo en una diminuta referencia a que su contenido aludía a la política armamentística de España.
Así que, aunque pudiera parecer un poco tarde para publicarlo, creo que, en primer lugar, nunca es tarde para hacerse eco de las valientes palabras de denuncia de otros y, menos, cuando la situación a la que se refiere persiste en el tiempo. De hecho, de lo que se queja Gervasio es de la persistencia en el tiempo del problema que denuncia y de la hipocresía en torno al mismo.
Y, en segundo lugar, porque hay que tener muchas narices para decir lo que dice delante de la Vicepresidenta del Gobierno, de varios ministros y ministras, de ex ministros del Partido Popular, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, del Alcalde de Madrid y del presidente del Senado y ese valor, sea cuando sea, hay que reconocerlo y aplaudirlo. Tanto más cuanto sus palabras están tan cargadas de razón.
La foto es suya y es la premiada. Se llama “Sofía y Alia” y pertenece a la serie “Vidas minadas”
Os dejo con el discurso. [Sigue leyendo →]
Era evidente que los efectos colaterales de la crisis económica también acabarían reflejándose en el tratamiento gubernamental de la emigración.
En su comparecencia de ayer en el Congreso, el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, no sólo endureció el discurso sobre la misma, sino que anunció que se estaba planteando una reforma de la Ley de Extranjería que incorporará algunos de los elementos de la polémica directiva que se están discutiendo actualmente en Europa y que esperan aprobar en junio; aún no sabemos cuáles.
Lo que sí sabemos es la valoración que hizo el ministro de una directiva que atenta gravemente contra los derechos humanos y se salta a la torera las más mínimas garantías jurídicas que rigen –o deberían regir- para cualquier persona en nuestra civilizada Europa. Y es que, en su opinión, dicha directiva “se puede ver como un retroceso o como un grave problema (…) pero es un avance en la armonización de las políticas europeas”.
Magnífica declaración ministro: Europa avanza retrocediendo. Retrocediendo en derechos, retrocediendo en garantías, retrocediendo en humanidad. Eso sí, de forma armónica. Un gran avance colectivo, sí señor.