Notas archivadas en 'Mundo'

La crisis económica no respeta ni a Dios

En el Vaticano han relegado el interés por seguir aumentando la lista de pecados para otro momento y andan preocupados por cuestiones crematísticas mucho más terrenales.

Y es que la depreciación del dólar ha deteriorado significativamente sus cuentas públicas como consecuencia de que el 25% de los 80 millones de dólares que recibió en donaciones el año pasado, y que constituyen el grueso de sus ingresos fiscales, provienen de donantes de los Estados Unidos y, por lo tanto, se hacen en dólares.

Si a ello se le une la pérdida de valor de sus inversiones financieras, el coste de mantener una estación de radio y un periódico propios en un estado cuya población es de 900 personas y el sufragio de las pensiones de más de 1500 personas, la situación fiscal del Vaticano no pinta bien: el año 2007 lo cerraron con un déficit de 13 millones de dólares que, rápidamente, un donante estadounidense se ha prestado a sufragar. 

Ante este panorama, no nos extrañemos si un día sale el Papa con una encíclica recomendando que cuando se pase el cepillo sólo se acepten limosnas en euros y, a poder ser, en billetes.

El mundo está loco

El mundo necesita 30 mil millones de dólares al año para erradicar el hambre y posibilitar que 862 millones de personas puedan comer todos los días y no estén a punto de morir de inanición. No lo digo yo, lo dice el Director General de la FAO, Jacques Diouf.

Mientras tanto, en el año 2006, el mundo gastó cuatro veces esa cantidad en armamento. Un monto al que se pueden añadir otros 100 mil millones de dólares, que es el importe al que ascendió el valor de los alimentos desperdiciados, o los 20 mil millones que supusieron el exceso de consumo de las personas obesas en ese año.

El mundo está loco… esto sí lo digo yo, aunque también lo pensará Diouf.

Vidas minadas (discurso de Gervasio Sánchez en los Premios Ortega y Gasset)

Me ha llegado hoy, a través mi siempre vigilante amigo Sebas, el texto del discurso del periodista gráfico Gervasio Sánchez en la entrega de los Premios Ortega y Gasset del pasado 7 demayo.

Ya sé que hace varias semanas de ello y que circula por otros blogs porque ni El País ni el Heraldo de Aragón, periódico que convocaba el premio, el primero, y para el que trabaja Gervasio, el segundo, lo recogieron salvo en una diminuta referencia a que su contenido aludía a la política armamentística de España.

Así que, aunque pudiera parecer un poco tarde para publicarlo, creo que, en primer lugar, nunca es tarde para hacerse eco de las valientes palabras de denuncia de otros y, menos, cuando la situación a la que se refiere persiste en el tiempo. De hecho, de lo que se queja Gervasio es de la persistencia en el tiempo del problema que denuncia y de la hipocresía en torno al mismo.

Y, en segundo lugar, porque hay que tener muchas narices para decir lo que dice delante de la Vicepresidenta del Gobierno, de varios ministros y ministras, de ex ministros del Partido Popular, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, del Alcalde de Madrid y del presidente del Senado y ese valor, sea cuando sea, hay que reconocerlo y aplaudirlo. Tanto más cuanto sus palabras están tan cargadas de razón.

La foto es suya y es la premiada. Se llama “Sofía y Alia” y pertenece a la serie “Vidas minadas”

Os dejo con el discurso. [Sigue leyendo →]

Que nadie se preocupe, mientras la gente muere de hambre, el mercado está intacto

Hace un par de días el Director Gerente de Operaciones del Banco Mundial, Juan José Daboud, soltaba un par de frases de las que no tienen desperdicio porque revelan hasta qué punto tienen interiorizado el discurso neoliberal y la fe dogmática en las virtudes del mercado quienes gobiernan esas instituciones (aunque, claro, supongo que por eso mismo son elegidos, ¿no?).

Al señor en cuestión, a raíz del problema de la subida del precio de los alimentos a nivel mundial y sus repercusiones, sólo se le ocurre decir que “el mercado ha salido intacto de la crisis de precios y está funcionando, por lo que no ha perdido su capacidad para arreglar estos desajustes por sí sólo, aunque habrá que esperar. No es cuestión de semanas ni meses, el ajuste puede durar dos o tres años”. [Sigue leyendo →]

Se confirma: ¡estos estadounidenses están locos!

Cuando escribía este apunte hace un par de días pensaba que era simplemente una propuesta sin sentido de 14 congresistas que, como las otras veces que la han planteado desde el año 2000, sería rechazada por el Congreso de los Estados Unidos.

Me equivoqué: la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, de mayoría demócrata, aprobó ayer el proyecto de ley que prohíbe a cualquier estado crear o participar en carteles de petróleo y gas similares al de la OPEP. En caso de incumplimiento, el estado en cuestión se vería privado del derecho de inmunidad soberana y sus intereses podrían ser perseguidos en los Estados Unidos.

Falta ahora el trámite en el Senado y que el Presidente no imponga su poder de veto sobre un proyecto que la Casa Blanca ha rechazado temiendo las consecuencias que pudiera acarrear sobre los intereses estadounidenses.

En fin, un signo más no sólo de que los estadounidenses están locos sino de que, además, se sienten cada vez más incómodos en este mundo multipolar.

¡Estos estadounidenses están locos!

Tomo prestada la frase parafraseando aquélla que Obélix el galo, después de haber zurrado a los romanos con la ventaja que daba el haberse caído de pequeño en la marmita de la pócima mágica de Panoramix, le dirigía a su amigo Astérix antes de poner rumbo de vuelta a la aldea gala con su menhir a la espalda y seguidos de Ideafix. Siempre me gustó esa frase.

Y es que a 14 congresistas norteamericanos no se les ha ocurrido una idea más brillante que plantear ante la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos un proyecto de ley que prohíbe a los estados extranjeros crear carteles en los sectores de petróleo, gas natural o derivados de petróleo. De hacerlo, el Estado en cuestión será privado del derecho de “inmunidad soberana” y podrá ser perseguido en territorio estadounidense en virtud de sus “leyes antimonopolio”. [Sigue leyendo →]

La privatización de la guerra

Me ha parecido muy interesante esta entrevista a Jeremy Scahill autor del libro Blackwater. El auge del ejército mercenario más poderosos del mundo (Ed. Paidós, 2008) que publica hoy La Vanguardia.

No es que aporte nada nuevo a quienes siguen con un mínimo de atención tanto la deriva de los Estados Unidos hacia un estado secuestrado por las grandes corporaciones como las barbaridades que están cometiéndose en Irak. Pero, para quienes estén menos al tanto, creo que expone de forma muy clara cómo hasta la guerra puede privatizarse y cómo Irak se ha convertido en el laboratorio perfecto para la experimentación de nuevas formas de desarticulación de las funciones tradicionales del Estado. Y es que, si entre las pocas funciones que los neoliberales seguían atribuyendo al Estado, al margen del mantenimiento del valor interno de la moneda, se encontraba el ejercicio del monopolio de los medios de violencia, los neocons ya han superado, con creces, esa limitación hacia la mercantilización absoluta.

Habrá que echarle un vistazo al libro. [Sigue leyendo →]

Adivina, adivinanza

A ver si alguien es capaz de adivinar qué es esta foto y qué representan los puntos rojos sobre la misma.

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Para encontrar la solución… [Sigue leyendo →]

Oídos sordos

Acabo de leer los resultados de un par de encuestas de Gallup acerca de la percepción de los estadounidenses del estado de la distribución de la renta en su país y de su valoración del grado de equidad de su sistema impositivo.

Pues bien, a la pregunta de si creen que la actual distribución de la renta y la riqueza en el país les parece justa o si, por el contrario, debería ser distribuida de una manera más equitativa entre la población, tan sólo a un 27% le parece justa mientras que un 68% piensa que debería redistribuirse más equitativamente.

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Pero, además, el 66% de los estadounidenses piensa que las personas más ricas pagan demasiados pocos impuestos, mientras que el 71% opinan lo mismo de los impuestos pagados por las empresas. 

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Dicho lo cual, y al hilo de lo que escribía ayer, ¿en una democracia el gobierno no debería atender esa opinión? Pues se ve que no. O, al menos, no en aquella que es considerada como la democracia por antonomasia. Así que parece que tienen más suerte con su gobierno los indios, ¿no?

Lecciones desde la India

“Acertadamente o no, la gente percibe que la compraventa de contratos de futuros en los alimentos es especulativa y lleva a un aumento de los precios. En una democracia tienes que atender esa opinión”. Estas son las sorprendentes y atinadas palabras del ministro de Finanzas de la India, el país con mayor porcentaje de población pobre del mundo y en donde se está pensando en excluir los alimentos de la negociación en los mercados de futuros.

De entrada, sorprenden porque si esa es la percepción que la población india tiene del problema de la subida de los precios de los alimentos y si esa es la propuesta de solución que plantean, su nivel de conocimiento de las causas de la inflación contemporánea es más que envidiable. De hecho, es equiparable a la que tiene Jean Ziegler, el saliente Relator Especial de las Naciones Unidas para la Alimentación, quien estimaba que la especulación financiera es responsable del 30% de la explosión de los precios de los alimentos.

Y es que no andan muy descaminados los indios porque la entrada del capital financiero especulativo en los mercados de materias primas acontecida en los últimos años y agravada en los meses recientes ha contribuido de forma decisiva al alza de los precios de los alimentos. Así, según la FAO, en el último año el trigo se ha encarecido un 130%, el arroz un 74%, la soja un 87% y el maíz un 53%.

Es más, en el mercado de materias primas de Chicago, el número de contratos ha aumentado un 20% desde principios de año y, actualmente, se negocian más de un millón de contratos diarios. Por ofrecer otro dato que refuerce el argumento: en torno al 50-60% de la producción de trigo comercializada en los mercados de materias primas está controlada por fondos de inversión especulativos.

En este sentido, el aumento de la inversión financiera especulativa no sólo está dando lugar a una mayor volatilidad de los precios sino que, además, en un contexto de demanda de alimentos al alza y limitaciones en la producción, se traduce en subidas continuadas de los mismos que, como siempre, padecerán quienes poseen menos recursos. 

En cualquier caso, lo que más me sorprende de esa declaración es el reconocimiento del ministro de Finanzas indio de que en una democracia el pueblo no habla tan sólo una vez cada cierto tiempo, cuando deposita su voto en las urnas, sino que tiene derecho a hablar en todo momento y los gobernantes tienen la obligación de escucharlo y obrar en consecuencia.

A ese concepto de la democracia me gustaría que se acercaran quienes gobiernan nuestro país cuando la población clama porque deje de tratarse la vivienda como una mercancía, masivamente adquirida con fines especulativos, y se trate, al menos, como lo que reconoce nuestra Constitución. Esto es, como un derecho fundamental. ¿Será tan difícil? Me temo que sí.

Alberto Montero