Notas archivadas en 'Economía'

La crisis económica no respeta ni a Dios

En el Vaticano han relegado el interés por seguir aumentando la lista de pecados para otro momento y andan preocupados por cuestiones crematísticas mucho más terrenales.

Y es que la depreciación del dólar ha deteriorado significativamente sus cuentas públicas como consecuencia de que el 25% de los 80 millones de dólares que recibió en donaciones el año pasado, y que constituyen el grueso de sus ingresos fiscales, provienen de donantes de los Estados Unidos y, por lo tanto, se hacen en dólares.

Si a ello se le une la pérdida de valor de sus inversiones financieras, el coste de mantener una estación de radio y un periódico propios en un estado cuya población es de 900 personas y el sufragio de las pensiones de más de 1500 personas, la situación fiscal del Vaticano no pinta bien: el año 2007 lo cerraron con un déficit de 13 millones de dólares que, rápidamente, un donante estadounidense se ha prestado a sufragar. 

Ante este panorama, no nos extrañemos si un día sale el Papa con una encíclica recomendando que cuando se pase el cepillo sólo se acepten limosnas en euros y, a poder ser, en billetes.

¿Tú que opinas? ¿Hay o no hay crisis?

La misma entrevista al presidente Rodríguez Zapatero a la que me refería ayer estaba presentada en la portada de El País con una de esas frases antológicas a las que nos tiene acostumbrado.

Según nuestro presidente, y en relación a la situación económica española, “es opinable si hay crisis” (ése era el titular de la entrevista) y añadía a continuación: “depende de lo que entendamos por crisis”.

Una vez más, y como frecuentemente ocurre con este presidente, la logomaquia al poder.

Evidentemente, qué entendamos por crisis es esencial para decidir si hay crisis o no; pero la discusión sobre la palabra no puede convertirse en una cortina de humo para evitar enfrentarse a una situación que si no es de crisis se le va pareciendo mucho.

Quizás el símil no sea muy afortunado pero si Zapatero hubiera sido el capitán del Titanic tal vez no hubiera gritado “¡A los botes! ¡Las mujeres y los niños primero!” hasta que no se hubiera visto con el agua literalmente al cuello. Hasta entonces probablemente hubiera dudado entre si el Titanic había chocado con un iceberg o si el agua que corría por los pasillos del barco era producto de que el grumete se había dejado algún grifo abierto.

En cualquier caso, este presidente debería saber que sobre todo aquello que se puede contar y medir no cabe opinión y se impone siempre el resultado de la medición. Y que todos los indicadores económicos indican que si España no está en crisis le falta muy poco.

Así que os dejo con algunos datos económicos por si os sirven para opinar dado que ahora parece que el que haya o no crisis es algo que debemos decidir entre todos democráticamente:

La crisis económica elevará la cifra de parados a 2,5 millones en 2009

El Gobierno revisa al alza su previsión del paro, que llegará al 11% en 2009

La inflación se dispara en mayo hasta el 4,7% y alcanza su nivel más alto en 11 años

La producción industrial cae por segundo mes consecutivo

España se consolida en abril al frente del desplome de la construcción en la UE

La venta de viviendas cae un 31,8% en el primer trimestre

La morosidad de la banca se duplica y alcanza el nivel más alto en ocho años

La caída de la recaudación fiscal fulmina el superávit

La OCDE rebaja al 1,6% la previsión de crecimiento para España en 2008.

El Banco de España alerta que el ajuste de la economía está siendo más pronunciado de lo esperado

El Ibex registra su mayor pérdida en un semestre desde 1990.

En cualquier caso, siempre os podéis ahorrar el esfuerzo y sumaros a lo que opina la mayoría de nuestros conciudadanos: Los españoles, los más pesimistas de la UE sobre la evolución económica. Como queráis.

Los costes laborales y la neutralidad del lenguaje

Para que luego digan que el lenguaje es neutral y que los medios de comunicación no están contribuyendo a la progresiva interiorización de un determinado discurso económico de signo marcadamente conservador entre la población.

Así, según destaca El País en titulares, “cada trabajador cuesta a las empresas 2.307 euros al mes”.

Como si el trabajador no aportara su trabajo al proceso productivo y tuviera derecho a una remuneración justa a cambio del mismo. Como si el trabajador no debiera percibir una parte del producto total que contribuye a producir. Como si la remuneración del trabajo sólo fuera un coste para la empresa y no, también, la principal fuente de renta para la mayor parte de la población que no tiene otro recurso para subvenir sus necesidades que ofertar su trabajo. Como si, a pesar de ello, las grandes empresas españolas no hubieran tenido en 2007 beneficios multimillonarios.

En definitiva, como si la culpa de la crisis la tuviera, como siempre, el aumento de los costes laborales. 

¿Un nuevo modelo productivo?

Realmente la capacidad de nuestro presidente del gobierno para vender humo no tiene límites. O no se entera de nada; o sus ministros le engañan; o no tiene ningún tipo de pudor en engañarnos a nosotros. Pocas posibilidades más se me ocurren.

¿Que por qué digo esto? Pues lo digo porque hace un par de días, al reunirse con los agentes sociales para explicarles las líneas de sus planes de futuro y la necesidad de avanzar en la concertación social para evitar conflictividad innecesaria en tiempos de crisis, no tuvo empacho en afirmar que es necesario impulsar un cambio en el modelo productivo.

Hasta aquí perfecto. Es más, era lo mínimo que se podía esperar después de tener en cuenta la situación en la que se encuentra la economía española como consecuencia de la apuesta decidida que se hizo por la construcción durante los últimos años.

Sin embargo, no hay que irse muchos días atrás para encontrar estas declaraciones del acutal ministro de Industria, Miguel Sebastián: “Industria apuesta por fomentar el turismo de la tercera edad y modernizar el ‘sol y playa’” quien, añade, a continuación, que ello tendrá un impacto inmediato y ayudará a reactivar la construcción.

¿Así que es éste el nuevo modelo productivo por el que apuesta Zapatero?

Pues, por un lado, se parece bastante al de finales de los sesenta cuando se decidió que el turismo de sol y playa podía contribuir decisivamente a dinamizar la economía. Y, por otro lado, sigue confiando en hacer todo lo posible por recuperar el sector de la construcción y que sea éste el que vuelva a tirar del carro.

Total, más de lo mismo aunque, eso sí, que por palabras altisonantes no quede. De hecho, se pueden utilizar todas menos una: crisis.

Lo que trabajan las mujeres españolas y nadie les reconoce

Estos datos del Instituto Nacional de Estadística creo que no pueden dejar indiferente a nadie aunque hayan pasado sin pena ni gloria por los medios de comunicación: el trabajo no remunerado desarrollado en el hogar es equivalente al 27,4% del PIB español y, del mismo, el 73% es realizado por las mujeres. [Sigue leyendo →]

España azotada por la crisis financiera internacional y los bancos sin saberlo

¿Tiene sentido que el gobierno siga responsabilizando a la crisis financiera internacional de la situación de crisis de la economía española después de saber que los bancos que operan en España ganaron durante el primer trimestre del año más de 5 mil millones de euros, un 10% más que en el mismo periodo del año anterior?

¿No será que a alguien le interesa seguir atribuyendo la crisis económica nacional a factores internacionales para eludir la responsabilidad en la promoción de un patrón de desarrollo basado en la construcción compulsiva y del que se sabía que sus días serían más o menos largos pero, también, que estaban contados?

¿Y no será que esa argumentación también viene a facilitar la justificación del ministro de Economía y, en definitiva, de este gobierno para no aplicar una política contracíclica más activa a nivel nacional?

No, no puede ser eso. Debe de ser que soy muy mal pensado. Sí, eso debe de ser.

La Isla de las Flores

Hace unos días encontraba este documental que, no sólo me parece magnífico, sino que complementa a la perfección el de “La historia de las cosas” que insertaba en este cuaderno hace unas semanas.

Se titula “La isla de las Flores” y es del brasileño Jorge Alberto Furtado. Nuevamente os digo que creo que merece la pena dedicarle los escasos diez minutos que dura. Con él os dejo. 

Si es que no sabemos lo que nos conviene

En el último apunte señalaba que estaba a punto de aprobarse una directiva comunitaria que posibilitaba que los Estados miembros pudieran extender la jornada laboral hasta las 65 horas. Ayer se aprobaba ya la directiva en cuestión.

Este hecho, de entrada, es muy expresivo del margen con el que cuenta la ciudadanía europea para hacer llegar sus opiniones y pareceres a ese supragobierno no electo que gestiona –porque gobernar con criterios de empresa se denomina “gestionar”- la Unión Europea y el futuro de sus ciudadanos.

Aquí nadie se entera de nada hasta que no sale en la prensa el día antes a que se discuta y se vote. A continuación, desde allí nadie da explicaciones de nada porque, como la toma de decisiones es colectiva, todo el mundo se escuda en su limitada capacidad de influencia y, a lo sumo, se justifica diciendo que votó en contra. Y luego, de nuevo ya aquí, y como se supone que somos tan demócratas, pues a acatar el resultado de la votación sin rechistar y a seguir comulgando con ruedas de molino con lo que se decide sin nuestra participación.

Pero, además, en algunos casos lo que ya no es de recibo es el cinismo que se despliega para tratar de justificar lo injustificable como es este retroceso en derechos laborales conseguidos hace más de noventa años.

Así que, por si tenéis el juicio ofuscado o, realmente, no sabéis lo que os conviene, el Comisario de Empleo, el checo Vladímir Spidla, se ha preocupado de aclararnos a todos que esta directiva “es un paso adelante para los trabajadores”.

La valoración en cuestión me ha traído a la mente una frase cuya autoría atribuyen a Pinochet un par de años después de su golpe de Estado en Chile (aunque también la he oído otorgándole la autoría a Carlos Menem en Argentina). Dicen que dijo entonces: “En 1973 estábamos al borde del abismo; y hoy, con orgullo, podemos decir que hemos dado un paso al frente”. La lástima es que no se despeñara.

Pues eso. Europa sigue dando pasos al frente pero avanzando hacia la retaguardia. Una forma de avanzar un tanto rara, ¿no? 

65 horas de trabajo semanales son muchas horas

Los ministros de Trabajo de la Unión Europea están planteándose en estos días aprobar una norma comunitaria que permita ampliar el tiempo de trabajo de 48 a 65 horas semanales. Si no me fallan las cuentas eso significa que se podría llegar a trabajar casi once horas al día seis días de la semana o nueve horas al día si se elimina el domingo como día de descanso.

En unos pocos de años, hemos pasado del debate sobre la jornada laboral de 35 horas semanales a otro que casi la duplica y que, visto lo visto, tiene más visos de avanzar, dado el consenso existente a su alrededor (al que, de momento, se opone España), que las opciones que en su momento tuvo la jornada de 35 horas.

Tantos años de lucha por conseguir avances sociales y mejores condiciones de trabajo se esfuman, día a día, a ritmo de directiva europea. ¿Qué será lo próximo? ¿El retorno de la esclavitud? 

Al presidente del BBVA le parece mal que el gobierno ayude a las familias

Deber resultar muy fácil para el Presidente del BBVA, Francisco González, que en 2007 cobró casi 10 millones de euros por distintos conceptos más otros tantos para su fondo de pensiones particular (que ya se eleva a más de 53 millones de euros) decir en público, ante la crisis que tenemos encima, que “las familias deben hacer sus deberes y no pedir ayudas al gobierno”.

Sí, debe ser realmente fácil para una persona cuyos ingresos equivalen a más de 500 veces el salario medio español acusar de pedigüeños a las familias que están hipotecadas hasta las cejas en la institución que él preside o en otras de su sector.

Eso sí, en la presentación de los resultados del BBVA a principios de año, no dudó en pedir medidas fiscales al gobierno para reactivar la economía. Evidentemente, todas ellas a favor del incremento del excedente empresarial y de la profundización del grado de flexibilidad de la economía y, más concretamente, del mercado de trabajo.

¿Por qué demandaba entonces lo que ahora le niega a otros? ¿Por qué para unos sí y para otros no, señor González?

Alberto Montero