Para quienes se haya preguntado por mi ausencia durante estas semanas debo comunicarles que ha obedecido a una estancia en Quito que aún se prolongará unos días más.
Habitualmente suelo advertir de estas idas y venidas pero en esta ocasión me he dejado devorar por una dinámica de la que apenas he sacado tiempo más que para mí mismo sin que tampoco éste haya sido mucho.
Ahora, cuando ya hace casi un mes que ando por esta ciudad rodeada de volcanes durmientes, tengo un rato para hacer balance de estos días que, como me ocurre siempre que paso un tiempo en tierras latinoamericanas, suele ser más que positivo.
De entrada, estoy más que contento de haber impartido clases en FLACSO, en un ambiente que se presta al estudio y al intercambio intelectual y ante un grupo de alumnos de la maestría de Economía singularmente bueno. Uno de esos grupos que todo profesor ansía encontrar: ávidos por la lectura, capaces de discutir con un argumentario amplio, alejado de la demagogia y el pensamiento fácil, sensibles a nuevos planteamientos y al intercambio intelectual sin posiciones enrocadas y con pluralidad de perspectivas que han ido enriqueciendo mutuamente en el propio debate.
Igualmente, he reencontrado a algunos amigos por los que siento un profundo respeto intelectual, especialmente Alberto Acosta y su admirable defensa del proyecto Yasuní, del que daré cuenta en algún otro apunte.
Y, también como siempre, no todo ha sido trabajo y ha habido algún momento para escaparme fuera de esta ciudad cargada de volúmenes -como me gustan a mí las ciudades-, y recorrer algunos lugares de este chiquito y lindo país aunque esa historia tendrá que esperar a otro momento. Me están esperando.
Tags: Personal // 1 comentario »