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Notas archivadas en 'Bolivia'

Cumpleaños en La Paz

Este año mi cumpleaños lo celebro en La Paz, a donde llegué el domingo para una consultoría con el PNUD. Que esté lejos de mis seres queridos no significa que pase este día solo: a los correos y las llamadas recibidas se les une el cariño de los amigos que uno ha ido atesorando con el paso de los años en este país. Esta ciudad siempre me recibe bien y no sé si será la altura, su luz o sus gentes pero me recomponen como ninguna otra a pesar de la intensidad del trabajo.

Así que ahora, después de que los compañeros del Ministerio me hayan sorprendido por mi cumpleaños compartiendo unas salteñas y un rato de conversación cariñoso y distendido, solo puedo sentirme afortunado, no sólo por esas muestras de afecto y sus buenos deseos sino, sobre todo, por lo mucho que recibo y aprendo cada vez que visito este país en donde la modernidad no ha destruido aún la esencia del ser humano. Es aquí cuando descubro todo lo que hemos ido dejando en el camino, lo inhumana que se ha vuelto nuestra civilización y donde, en definitiva, recargo baterías para seguir tirando un año más.

En el avión de vuelta

Otra vez, como cada vez, siento que algo se me queda atrás cuando me marcho de La Paz y pienso que, irremediablemente, deberé volver a buscarlo. Lo más grave es que cuanto más veces vuelvo más se intensifica el sentimiento y mayores mis deseos de retorno.

De estas tierras que ahora se extienden áridas y resecas hasta decir basta bajo la sombra del avión siento que mana algún tipo de energía que es capaz de recargar mis baterías de europeo cansado de ver cómo su país camina hacia el subdesarrollo. Quizás sea que aquí ya pasaron por el lugar hacia el que nosotros nos encaminamos, la barbarie neoliberal, y que en la mirada de la gente brilla el fulgor de quienes saben que tras décadas de sufrimiento se abren oportunidades únicas como las que ahora vive este país: el empoderamiento de las clases subalternas, de los desposeídos durante siglos, de los que han sabido sobrevivir a través de la resistencia y la lucha, esperando los momentos de justicia que la historia, muy a su pesar, acaba por conceder.

A mi espalda se quedan nuevos afectos mientras los antiguos se renuevan y crecen; quedan los retos del nuevo proyecto recién comenzado y que me mantendrá vinculado al país durante algún tiempo; quedan las reflexiones compartidas y las discusiones instructivas con los nuevos compañeros con los que compartiré ese proyecto; queda la luz de una ciudad que me atrapa en su caos y en su bullicio, que me deslumbra cuando la contemplo desde El Alto derramarse como un torrente altiplano abajo; queda una ciudad cargada de vida que te recarga la vida.

Y entre sensaciones difusas perviven otras más concretas. Ésas de las que suelo dejar memoria escrita para cuando me falle la propia.

Una fue la visita al emprendimiento comunitario de Pamparalama, en las proximidades de La Paz y gestionado por la comunidad Chacaltaya. Dedicar un domingo a “pasear” a 4900 metros sobre el nivel del mar, rodeado de llamas y alpacas y visitando lagunas alimentadas por las nieves cada vez menos perpetuas es una forma diferente de desconectar del trajín de la semana. La amena conversación durante la reconfortante comida popular a base de sopa de verduras y filete de llama y quinua y las risas descontroladas mientras don Roberto, el próximo Jilacata de la comunidad, nos daba “otra vueltecita” en barca en una laguna casi helada hicieron el resto.

Y difícilmente podré olvidar también los momentos en torno al magnífico vino de altura boliviano. Ya fueran los ratos de tranquilidad, vino y queso al llegar al apartamento tras la intensa jornada de trabajo; ya fueran las conversaciones en el íntimo entorno de La Guinguette, el barecito de la Alianza Francesa y uno de mis preferidos en La Paz para charlar, leer o pensar; o ya fuera en cualquier otro acogedor espacio de los que te ofrece esta ciudad, el vino ha estado muy presente durante estos días. Ha engrasado las conversaciones, ha templado los nervios, ha calmado las ansiedades y se ha convertido en cómplice necesario de todos los buenos momentos. Así que ahora, con una botella en la maleta, tocará brindar en casa por Bolivia y por el próximo retorno.

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El secreto mejor guardado de Sopocachi

Aunque lo subiré a mi cuaderno a mi llegada, escribo esto en una larga espera en el aeropuerto de Sao Paolo por donde he tenido que salir de Bolivia dado que la compañía Aerosur decidió, dos días antes del vuelo, retrasarlo “una semanita no más” (¡!). No quiero pensar qué habría ocurrido si eso llega a hacerlo la compañía estatal, BOA, pero seguro que el juicio de la prensa no hubiera sido tan benevolente, limitándose a explicar que el retraso era por problemas financieros, como ha hecho con Aerosur. En fin, que afortunadamente pudieron encontrar pasaje en otro vuelo y aquí estoy, matando buenamente las horas antes de embarcar en un avión repleto y con toda una noche y un océano por delante.

Atrás, como siempre, queda La Paz y, con ella, los viejos y los nuevos amigos. Y, también como siempre, me traigo algún recuerdo lindo para el camino y la memoria. Durante esta vuelta rumiaré con una sonrisa en los labios aquella noche en “La Costilla de Adán”, ese bar oculto en Sopocachi, sin letreros ni anuncios, apenas una puerta a la que debes llamar si sabes cómo llegar hasta ella y un portero que te da paso a un bar repleto de antigüedades o de cosas antiguas, vete a saber, amueblado con sofás y sillones que te envuelven mientras todo invita a la conversación. Allí charlamos sobre lo divino y lo humano durante unas horas, dejándonos llevar por la locuacidad a la que incitan el ron y la cerveza hasta que, de repente, se fue la luz y Roberto, el dueño, pasó a darnos una clase de antropología tarijeña a la luz de las velas mientras esperábamos el taxi que nos sacara de su burbuja cálida y amable.

Imagino que volveré en breve a Bolivia. Todo apunta a ello. Y, nada más acomodarme, pediré que vuelvan a llevarme al bar de Roberto y allí, hundido en sus sillones, estoy seguro de que parecerá que, simplemente, ha vuelto la luz a Sopocachi mientras seguimos con nuestra conversación y se renuevan las cervezas.

Cumbre de la Madre Tierra

Ayer comenzó en Cochabamba la Cumbre de la Madre Tierra. La mayor parte de los medios de comunicación de masas apenas se han hecho eco de la convocatoria, expresión inequívoca de que el hecho de que se reúnan personas y gobiernos que realmente están preocupados por lo que le ocurre al planeta y que, además, son capaces de formular propuestas alternativas para otro mundo posible no es noticia. Otro gallo hubiera cantado si Obama se hubiera dado un paseíto por allí repartiendo palmaditas en la espalda.

La desatención informativa sobre esta Cumbre contrasta con la hiperinflación de la que fue objeto la de Copenhague a pesar de que los resultados de ésta fueron tan pobres como, previsiblemente, serán los de aquélla. Los de Copenhague porque ni había ni hay voluntad política de hacer nada para frenar el deterioro del planeta siempre que ello sea a costa de unas décimas del PIB; los de Bolivia porque existiendo voluntad política entre los presentes, carecen de poder real para implementar sus propuestas.

La resultante es la misma: un mundo que agoniza y al que volvemos la espalda.

Mi querido Galeano escribía ayer en Página 12 unas palabras dirigidas a los presentes justificando su ausencia y animándolos a luchar por los derechos humanos y por los derechos de la Naturaleza que, en sus palabras, son dos nombres de una misma dignidad.

Aquí van sus palabras: [Sigue leyendo →]

Retorno a La Paz

Ayer llegué a La Paz nuevamente y para apenas una semana. A la alegría del reencuentro con amigos que te reciben como si todo un año no hubiera pasado se une la de llegar justo en el momento en el que Evo Morales conseguía una victoria rotunda en las elecciones generales. Una victoria que le permite enfrentar su próximo mandato sin las ataduras y trabas de una oposición que, como en el caso venezolano, en cuanto se vio sacudida por la aparición de un líder con el que las clases populares se sienten plenamente identificadas se quedó fuera de juego y desapareció de la arena política (lo cual, dicho sea de paso, no siempre es bueno). Síntoma inequívoco de que su proyecto no sólo era minoritario sino de que se encuentra ampliamente agotado en un país que, ya de por sí, mira a su historia con cansancio y hastío.

El reto que se abre ahora no es menor: desarrollar el texto constitucional para ir dándole forma a la nueva República Plurinacional de Bolivia. Un proyecto que sitúa en la inclusión de la mayor parte de la población, hasta ahora invisibilizada, su meta más ambiciosa y, por tanto, en la medida definitoria de su éxito o de su fracaso relativo.

Ahora ya no caben excusas. Las condiciones están dadas para que el avance pueda producirse en condiciones óptimas; para que las transformaciones sean profundas y radicales a favor de los más desfavorecidos. Y éstos las están esperando; no otro es el sentido del mandato encomendado a Evo Morales en estas elecciones ni otro puede ser  norte de todas sus acciones de gobierno. ¡Que la Pachamama lo guarde!

Evo Morales en la Universidad Complutense

Este lunes pasado me correspondió el honor de presentar al Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, en un acto que organizaba la Fundación CEPS, a la que pertenezco, en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

De su discurso quisiera destacar la petición que nos hizo a los profesores y estudiantes allí reunidos: “ayúdenme a cambiar las conciencias”.

Esto demuestra que él tiene tan claro por dónde hay que empezar como lo tuvieron en su momento los popes del neoliberalismo cuando comenzaron su ofensiva para convertirnos a todos en prototipos de manual del “homos economicus”.

Podéis ver el video del acto pinchando en este enlace.

Una mirada distinta al proceso boliviano

Esta semana las amigas de la revista Fusión publican una entrevista que me hicieron tras los resultados del referendo constitucional en Bolivia y la aprobación de la Nueva Constitución Política del Estado. Podéis leerla pinchando aquí.

Bolivia dijo ¡Sí!

¡Bolivia ya tiene nueva Constitución Política del Estado! Pero claro, como Bolivia es Bolivia, lo que en cualquier país del mundo sería un éxito absoluto, que aquélla se aprobara por más del 60% de la población, allí abre las puertas al pataleo, la negación, el rechazo y la confrontación.

O mucho me equivoco o esto no ha terminado aquí. 

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Alberto Montero