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La otra economía » Europa

Notas archivadas en 'Europa'

Campeones en optimismo

Por muy tópico que pudiera parecer no encuentro otro argumento que el manido recurso al “Spain is different” para explicar por qué, según los últimos datos publicados del Índice de Confianza de Eurostat, Alemania y España son los países que mayor confianza otorgan al hecho de que la economía se recuperará en breve.

En el caso de los alemanes es más que comprensible: a pesar de la grave crisis económica, las expectativas de la Dieta Alemana de Cámaras de Industria y Comercio prevé que la media de desempleados en Alemania ascienda en 2010 a 3,2 millones de personas, es decir, 250 mil menos que en 2009 o, lo que es lo mismo, el nivel más bajo desde la reunificación alemana en 1992. Y ello gracias al impulso en la creación de empleo de las pequeñas y medianas empresas.

Pero, ¿y en el caso de España? ¿Alguien me lo puede explicar? Porque ya me diréis qué confianza puede haber en que la economía remonte el vuelo cuando seguimos duplicando la tasa de desempleo de la Unión Europea y casi triplicando la alemana.

Digo yo que, como poco, deberíamos ser el triple de pesimistas; a no ser que la pregunta se refiera a cómo se va a recuperar la economía de los demás mientras nosotros miramos con envidia y esperamos a ver si pillamos algo de rebote.

El debate sobre Afganistán

Mi artículo de hoy en Público no está escrito, aunque pudiera parecerlo, al hilo de la trágica coyuntura inmediata. Llevaba varios días enviado y ha cobrado, de repente, mayor actualidad ante la muerte de tres españoles en Afganistán.

El motivo que me incitó a escribirlo puede resumirse en una serie de preguntas que, en mi humilde opinión, deberían abrir los términos de un debate más sincero sobre la cuestión.

Son preguntas como, ¿qué diferencia la presencia de las tropas, españolas o de cualquier país, en Afganistán con respecto a lo que han estado haciendo, por ejemplo, en Irak? Y si de allí se sacaron las tropas españolas porque era una guerra ilegal e injusta, ¿por qué se mantienen en Afganistán? ¿Puede alguien creerse que un gobierno como el de los Estados Unidos y los gobiernos comparsa con presencia militar en ese país gastan miles de millones de dólares para defender los derechos de las mujeres afganas? ¿No hay otras formas de promover una transformación social que permita mayores niveles de emancipación para las mujeres y, en definitiva, para el conjunto de la población que a base de bombazos? Cuando con el millón de dólares que cuesta mantener al año a un soldado estadounidense en el país se pueden construir 20 escuelas, ¿por qué seguir apostando por la ocupación y no por la educación?

Estas son las preguntas que me sirvieron de base para el artículo que podéis leer aquí.  

Las lecciones (no) aprendidas de las “subprime”

Como ando de economista de guardia, el pasado domingo sacaban en Público un artículo sobre lo que se había aprendido o no de la crisis de las subprime y para el que me consultaron. Como siempre, veinticinco minutos de conversación se sintetizaban en tres o cuatro frases pero creo que el artículo es interesante en sí mismo, así que aquí os lo dejo.

¿No quieres caldo? ¡Toma dos tazas!

Francia y Alemania, a la cabeza del fundamentalismo ortodoxo con el que pretenden prolongar la crisis a base de ajustes fiscales, acaban de proponer endurecer las sanciones para aquellos países que violen el Plan de Estabilidad y Crecimiento.

La noticia no sé si me da risa, miedo o ambas cosas a la vez.

Me da risa porque, precisamente, ambos países carecen de la legitimidad necesaria como para reclamar esa medida. Más allá de ser fundadores de la Unión Europea y las dos principales economías de la Eurozona son, también, dos países que se saltaron a la torera las sanciones del actual Pacto de Estabilidad cuando fueron ellas las que incurrieron en déficit excesivos. ¿Ahora vienen a pedir para los demás lo que no querían para ellos mismos?

Basta con recordar -¡malditas hemerotecas!-, lo que Schröder y Chirac decían en 2003, después de tres años consecutivos de incumplimiento del Pacto por ambos países. Decía por aquél entonces el canciller alemán: “Algunos erróneamente ven que el espíritu del pacto es asegurar sólo la estabilidad, pero es también un pacto para el crecimiento. No debemos abandonar el objetivo de la consolidación presupuestaria, pero el objetivo del crecimiento es tan importante como el otro y a veces se le debe dar mayor prioridad. Esa es la situación en la que nos encontramos ahora”. Es más, continuaban afirmando que, “somos unánimes en el rechazo de cualquier dogmatismo en cualquiera de los dos objetivos y creemos que, en la actual fase de la evolución económica, el énfasis sobre el crecimiento debería ser mayor, sin incluir la consolidación presupuestaria”. 

Ese era el espíritu del Pacto entonces, cuando los que estaban en recesión y agobiados tratando de estimular la economía eran ellos; ahora, como nadamos en la abundancia y pareciera que estamos en época de vacas gordas, pues debe primar el espíritu de la consolidación presupuestaria para todos. ¡Manda narices!

Y me da miedo porque la propuesta pone de manifiesto que la crisis se está enfrentando por la vía de profundizar en algunos de los elementos distorsionadores presentes en el diseño de la Unión Monetaria Europea en lugar de por la vía de su reforma y el avance hacia unos verdaderos Estados Unidos de Europa. Si no se apuesta por avanzar hacia una hacienda pública comunitaria y se sigue insistiendo en reformar la institucionalidad económica existente no sólo nuevas crisis aparecerán en el futuro sino que el papel de Europa en un contexto multipolar como el que se está configurando será de mera comparsa, es decir, no muy alejado del actual

Así que creo que la risa que tengo debe ser nerviosa.

Interesante entrevista a Étienne Balibar

Comienza el verano y los periódicos empiezan a llenarse de frivolidades. Pareciera como si el mundo entrara en una especie de hibernación estival –perdón por el oxímoron- y nada de lo que ocurre en estas fechas mereciera ni la cobertura ni el análisis que se les concedería si no acontecieran en verano. El periódico se convierte en estas fechas en el mejor aliado para encender las barbacoas y son raras las perlas que podemos encontrar en su interior que nos llamen a la reflexión durante unos minutos de nuestro tiempo de asueto.

Leyendo este fin de semana Público me he encontrado con una de ellas altamente recomendable: la entrevista que Amador Fernández Savater realiza al filósofo marxista Etienne Balibar.

Aunque recomiendo leerla completa, en ella se plantean reflexiones tan interesantes acerca de los márgenes de la política, como la siguiente:

“Hay una correlación fundamental, a largo plazo, entre la manera en que se distribuyen las desigualdades sociales entre los “territorios” nacionales o en el interior de esos territorios, y las políticas puestas en marcha para incrementar su competitividad desde el punto de vista de la atracción de los capitales internacionales (por la presión sobre los niveles de los salarios o por la bajada de las retenciones fiscales que amenazan inevitablemente las políticas y las protecciones sociales). En esta perspectiva, los Estados podrían recuperar una parte al menos de su capacidad para determinar políticamente las condiciones económicas de la política: por ejemplo, optando por la defensa de un modelo de seguridad social. Pero este margen no tiene lugar más que entre límites muy estrechos: por un lado, el que proviene de que, en la economía globalizada, un modelo de desarrollo económico y social sostenido por el Estado no puede ser escogido a voluntad, por una pura decisión independiente de lo que hacen los otros; y el otro límite proviene de que las “elecciones” políticas en materia de desigualdades sociales (y en el límite de exclusión o inclusión de poblaciones enteras) son más o menos soportados pacientemente por los ciudadanos, es decir que se encuentran expuestas a los que antes se llamaba la lucha de clases”.

O la siguiente acerca de la naturaleza de la “Unión” Europea:

“Bajo pretexto de una armonización relativa de las instituciones y de una garantía de ciertos derechos fundamentales, la construcción europea ha favorecido la divergencia entre las economías nacionales que teóricamente debía unir en el seno de una zona de prosperidad compartida: unas dominan a las otras, ya sea en términos de porciones de mercado o de concentración bancaria, ya sea porque unas transforman a otras en sub-contratistas. Más que un mecanismo de solidaridad y de defensa colectiva de sus poblaciones, Europa es hoy un marco jurídico para intensificar la competencia entre sus miembros y ciudadanos”.

Y preguntado por las posibilidades de reinventar un proyecto emancipatorio de izquierda, su respuesta no puede ser más desazonadora al tiempo que el reto que plantea no puede ser menos tentador:

“Las cosas son menos simples y más inciertas de lo que quisieran los esquemas binarios, profundamente anclados en el imaginario de izquierdas. Es extremadamente dudoso que las fuerzas o los campos en las que se libra hoy la batalla política puedan ser definidos como “clases”, o incluso como antítesis entre un imperium capitalista y una “multitud” (o una masa popular) que sería su víctima y que, por ello, no espera más que una propuesta ideológica o un programa de organización para revolverse y abatir la potencia del dinero. Porque la multitud o la masa está implicada en el funcionamiento del capitalismo financiero desde el punto de vista de sus actividades (su empleo precario o estable, sus condiciones de trabajo…), de sus intereses materiales y de su supervivencia. Nada más falso que presentar un capitalismo financiero como un capitalismo parásito o “rentista”. Lo que la crisis de las subprimes ha puesto en evidencia es justo el hecho de que las condiciones de vida más elementales -en primer lugar, la vivienda- de toda la población, sobre todo la más pobre, depende inmediatamente de la generalización de las facilidades de crédito y de su capitalización por los bancos. No hay exterioridad alguna entre los intereses del capital y los de la población”.

Interesante, ¿verdad?

¡Es la deuda privada, estúpido!

Hoy publico en Público un artículo sobre una cuestión que creo que no se está exponiendo en los términos adecuados. Todo el mundo habla de que nos encontramos ante una crisis de deuda soberana y, aunque no niego que la deuda soberana se ha convertido en un problema importante (originado, no lo olvidemos, por los planes de rescate del sistema financiero), lo que sí que se hace es una lectura interesada que sitúa el centro de atención en ésta y obvia que lo que de verdad temen los mercados financieros es la posición de solvencia de las empresas españolas y su capacidad de atenderla.

Podéis leerlo aquí.

Así se habla

Daniel Cohn Bendit fue un popular líder estudiantil durante el mayo de 68 francés que, al parecer, aún no ha perdido la dignidad ni su esperanza en un mundo mejor a pesar de sus muchos años en la arena política. Es lo que se deduce de la intensidad con la que critica la actuación de Europa y sus gobiernos en la crisis griega.

Más carnaza para los tiburones

Hoy publico en Público un artículo sobre el “histórico” fondo europeo de rescate. Mientras ayer lo escribía, la evolución de los mercados me iba dando la razón. Nadie otorga confianza a esa medida como solución para la crisis del euro y lo peor es que se van quemando opciones sin que la crisis remita. Habrá que esperar a ver cuál será la próxima solución “histórica” para la misma. Tal vez, ¿expulsar a los “cerditos” de la Unión Monetaria? No lo descartéis porque seguro que más de uno lo ha pensado ya.

Podéis leer el artículo pinchando aquí.

¡Más madera!

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, acaba de dar nuevas muestras de la sensibilidad social que es propia de su cargo. Con la que está cayendo en el mundo este sábado no dudó en solicitar a la Unión Europea que aumente sus gastos militares porque si no el bloque seguirá siendo “un tigre de papel”.

Evidentemente, es cuestión de prioridades: al secretario general le preocupa que las cinco principales potencias militares europeas - Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y España- con una población equivalente a la de EE UU y un PIB conjunto poco inferior, sumen un gasto militar que representa apenas el 40% del estadounidense.

Eso sí, el secretario se le olvida decir que, en 2008, cuatro de esos países –Francia, Reino Unido, Alemania e Italia- ya se encontraban entre los ocho que más gasto militar presentaban y que, además, el gasto conjunto de esos cuatro países suponía el 15% del gasto militar mundial.

Al secretario también se le olvida señalar, como recoge el SIPRI Yearbook 2009, que el gasto militar global en 2008 llegó a casi un billón y medio de dólares, lo que supuso un incremento en términos reales del 4% con respecto a 2007 y un 45% en los últimos diez años.

Para ser aún más gráfico y para que, en la comparación, el dato resulte aún más sangrante: en un mundo en el que existen más de 1000 millones de personas que viven con 1$ al día, el gasto militar durante 2008 fue de 217$ per capita.

No creo que nadie necesite mucha más pruebas para concluir que acabar con el hambre en el mundo es una cuestión de voluntad política y no de disponibilidad de recursos. Si los recursos existen para la muerte no cabe dudar de que también están disponibles para la vida, basta con invertir el orden de las prioridades y la mayor parte del trabajo estará hecho.

Lo grave es que, probablemente, algunos líderes europeos habrán prestado atención al mensaje de Rasmussen y se andarán preguntando qué partida del gasto social recortar para atender a la demanda del máximo mandatario de la OTAN y, con ello, seguir contribuyendo a la locura colectiva.

La presidencia española de la Unión Europea: lo que mal empieza…

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Después de algunos meses en barbecho, retomo la colaboración con El Observador con este artículo acerca de las primeras propuestas realizadas por el gobierno español para su mandato al frente de la presidencia de la Unión Europea y el revuelo que se ha levantado en torno a ellas.

Podéis leerlo pinchando aquí.

Alberto Montero