Notas archivadas en 'Europa'

No somos tan diferentes del resto de europeos

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Y es que, al menos en lo que se refiere al tema de la inmigración, no podía ser de otra forma por mucho que se siga pensando -y yo el primero- que “Spain is different”. Debe de serlo para otras cosas.

Si el gobierno de este país decidió en su momento votar a favor de la Directiva de la vergüenza considerándola, en palabras de nuestro presidente del Gobierno, como un gran avance progresista, no es ni más ni menos porque gran parte de la población de este país apoya el tipo de medidas que bajo esa Directiva toman cuerpo.

Basta para sostener esa afirmación con echarle un vistazo a los datos de la última oleada del Barómetro del Instituto Elcano referidos a inmigración. [Sigue leyendo →]

Alemania también quiere sus inmigrantes-solución

No sólo en Italia se plantean de forma vergonzosa la necesidad de distinguir entre inmigrantes-solución e inmigrantes-problema. También en Alemania parece que tienen claro que el derecho de toda persona a circular libremente y tratar de mejorar sus condiciones vitales debe estar restringido y limitado a quienes resulten funcionales al proceso de acumulación económico. Ni más ni menos.

Mientras que en Italia la discusión se planteaba en torno a los inmigrantes encargados de cubrir las lagunas asistenciales del Estado de bienestar y los problemas que generaría su expulsión, en Alemania la diferencia entre ambas categorías de inmigrantes –solución y problema- se plantea sobre otras bases.

Así, el gobierno alemán, el mismo que quiere mantener las restricciones a la entrada de trabajadores comunitarios de origen búlgaro o rumano, está estudiando un proyecto para facilitar la entrada y permanencia de graduados universitarios extracomunitarios.

Esos son, para Alemania, sus inmigrantes-solución, los que le ayudarán a seguir manteniendo su poderío económico mientras en los países de origen se asiste impotente a la sangría de titulados universitarios hacia las naciones ricas. Si antes fueron las materias primas, ahora son sus cerebros más privilegiados o su personal más cualificado el que es importado a precio de saldo.

¿Se puede tener una concepción más utilitarista del ser humano?

Zapatero, el progresista, contra los conservadores socialistas europeos

En una interesante entrevista que se publica hoy en Rebelión, el eurodiputado italiano Vittorio Agnoletto nos cuenta algunos de los entresijos de la tramitación y aprobación de la Directiva de la Vergüenza. Esa que para el presidente de nuestro gobierno constituye un “avance progresista”.

Según nos desvela Agnoletto, esta Directiva nace de un férreo acuerdo entre Zapatero y Sarkozy (de todos conocido por su talante progresista), al que se sumaron la mayor parte de gobiernos europeos –casi todos conservadores en estos momentos, no lo olvidemos- en sus presiones sobre el Parlamento para que aquélla fuera aprobada sin modificaciones.

Es más, la Directiva es un avance “tan progresista” que la mitad del Grupo Socialista del Parlamento Europeo votó en su contra y el 35% se abstuvo. Así que la Directiva de la Vergüenza se aprobó gracias a los votos de los europarlamentarios conservadores que, al parecer, ahora también se han vuelto tan progresistas en su valoración de la misma como Zapatero.

Se ve que el 85% de los europarlamentarios socialistas fue incapaz de percibir la elevada carga de progresía que incorporaba la Directiva en su tratamiento de la emigración y no les quedó más remedio que asumir que eran, en opinión de Zapatero, “unos ignorantes supinos o unos demagogos irresponsables”. ¡Toma ya talante!

Así que parece que en el caso de la Directiva en cuestión ocurre lo mismo que con la discusión acerca de si hay o no crisis en España: sólo él considera que es progresista y sólo él considera que no hay crisis. Los demás estamos equivocados. Que lo sepáis. 

Nuestros diputados nos ahorran trabajo y ratifican el Tratado de Lisboa

Bueno, pues ya está. Sin que en este país nadie se haya pronunciado a favor ni en contra de un texto que, de entrar en vigor, regirá nuestro destino, condicionará nuestra vida diaria y será utilizado para justificar reformas que irán en detrimento de derechos sociales con la sempiterna cantinela de que “no es cosa nuestra, es una directiva europea que debemos acatar”, nuestros parlamentarios acaban de ratificar el Tratado de Lisboa por mayoría.

De esa forma, lo que era malo para los irlandeses resulta que para nosotros debe ser bueno y si no nos preguntan es porque ni tenemos tiempo para leer el Tratado, ni entenderíamos lo que allí pone ni, de entenderlo, comprenderíamos que eso es precisamente lo que nos conviene.

Así que en el Congreso nos han ahorrado el trabajo y han decidido ellos por nosotros. ¿Que cuántos de los que han votado a favor se han leído el Tratado? Pues, yo estoy casi seguro de que todos, ¿tú no? Sería una falta de responsabilidad aprobar algo de tanta trascendencia como un texto constitucional para Europa sin haberlo leído, ¿no crees?

Esto es España. Aquí no puede ocurrir como en Irlanda que el primer ministro, Brian Cowen, a pesar de pedir la aprobación del Tratado, reconoció que no lo había leído. En España, eso sería impensable. Estoy seguro de que todos los parlamentarios que han votado hoy a favor del Tratado se lo han leído.

De hecho, yo creo que por eso, entre otras cosas, no nos han dejado que lo votemos. Porque no lo íbamos a leer e íbamos a votar al buen tuntún. En realidad, eso es, entre otras lindezas, lo que los líderes europeos reprochan a los irlandeses: que lo han votado sin leerlo ni comprenderlo.

Imagínate que aquí gana el “no” como en Irlanda. En menudo lío metemos a España. Sería ponernos en boca de toda Europa y nosotros, los españoles, si no es en fútbol, eso no lo llevamos bien.

Las secuelas del referendo irlandés: la democracia secuestrada

Hoy publico en Rebelión un artículo sobre las consecuencias que está teniendo en Europa la negativa irlandesa a la aprobación del Tratado de Lisboa. La principal, a mi modo de ver, es que de una forma cada vez más descarnada el proyecto europeo se construye de espaldas a los ciudadanos, alejándose de los principios y los procesos que deben regir en una democracia avanzada y derivando peligrosamente y de forma casi exclusiva hacia la configuración de un espacio de acumulación económica.  

Podéis leerlo pinchando aquí

Carta abierta de Evo Morales a la UE sobre la directiva de la vergüenza

Como, evidentemente, los medios de comunicación no se van a hacer eco de esta carta amparándose, por supuesto, en el derecho a la libertad de empresa y porque creo que tiene interés todo lo que en ella se dice, os copio la carta abierta que el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha dirigido a la Unión Europea con motivo de la previsible aprobación de la directiva de la vergüenza (también llamada del retorno de migrantes).

Espero que os interese. [Sigue leyendo →]

Si es que no sabemos lo que nos conviene

En el último apunte señalaba que estaba a punto de aprobarse una directiva comunitaria que posibilitaba que los Estados miembros pudieran extender la jornada laboral hasta las 65 horas. Ayer se aprobaba ya la directiva en cuestión.

Este hecho, de entrada, es muy expresivo del margen con el que cuenta la ciudadanía europea para hacer llegar sus opiniones y pareceres a ese supragobierno no electo que gestiona –porque gobernar con criterios de empresa se denomina “gestionar”- la Unión Europea y el futuro de sus ciudadanos.

Aquí nadie se entera de nada hasta que no sale en la prensa el día antes a que se discuta y se vote. A continuación, desde allí nadie da explicaciones de nada porque, como la toma de decisiones es colectiva, todo el mundo se escuda en su limitada capacidad de influencia y, a lo sumo, se justifica diciendo que votó en contra. Y luego, de nuevo ya aquí, y como se supone que somos tan demócratas, pues a acatar el resultado de la votación sin rechistar y a seguir comulgando con ruedas de molino con lo que se decide sin nuestra participación.

Pero, además, en algunos casos lo que ya no es de recibo es el cinismo que se despliega para tratar de justificar lo injustificable como es este retroceso en derechos laborales conseguidos hace más de noventa años.

Así que, por si tenéis el juicio ofuscado o, realmente, no sabéis lo que os conviene, el Comisario de Empleo, el checo Vladímir Spidla, se ha preocupado de aclararnos a todos que esta directiva “es un paso adelante para los trabajadores”.

La valoración en cuestión me ha traído a la mente una frase cuya autoría atribuyen a Pinochet un par de años después de su golpe de Estado en Chile (aunque también la he oído otorgándole la autoría a Carlos Menem en Argentina). Dicen que dijo entonces: “En 1973 estábamos al borde del abismo; y hoy, con orgullo, podemos decir que hemos dado un paso al frente”. La lástima es que no se despeñara.

Pues eso. Europa sigue dando pasos al frente pero avanzando hacia la retaguardia. Una forma de avanzar un tanto rara, ¿no? 

65 horas de trabajo semanales son muchas horas

Los ministros de Trabajo de la Unión Europea están planteándose en estos días aprobar una norma comunitaria que permita ampliar el tiempo de trabajo de 48 a 65 horas semanales. Si no me fallan las cuentas eso significa que se podría llegar a trabajar casi once horas al día seis días de la semana o nueve horas al día si se elimina el domingo como día de descanso.

En unos pocos de años, hemos pasado del debate sobre la jornada laboral de 35 horas semanales a otro que casi la duplica y que, visto lo visto, tiene más visos de avanzar, dado el consenso existente a su alrededor (al que, de momento, se opone España), que las opciones que en su momento tuvo la jornada de 35 horas.

Tantos años de lucha por conseguir avances sociales y mejores condiciones de trabajo se esfuman, día a día, a ritmo de directiva europea. ¿Qué será lo próximo? ¿El retorno de la esclavitud? 

Inmigrados-solución e inmigrados-problema

La polémica existente en Italia en torno al proyecto de convertir la inmigración ilegal en delito está contribuyendo a poner crudamente sobre la mesa los términos del debate sobre esa cuestión y la filosofía utilitarista que domina los planteamientos al respecto de nuestros representantes políticos.

La ministra de Igualdad de Oportunidades italiana, Mara Carfagna, planteó con claridad cómo debe abordarse el fenómeno de la inmigración en Italia y, de paso, cómo se aborda en muchos otros países, incluido el nuestro.

En su opinión, “saber distinguir entre inmigrados-solución e inmigrados-problema es obligatorio para quien quiere garantizar la seguridad de los ciudadanos sin perder de vista el valor de la solidaridad”.

O sea, son inmigrados-solución los que permiten cubrir los huecos de los raquíticos Estados de bienestar mediterráneos contribuyendo al mantenimiento de una red de solidaridad social basada en la familia mediante su trabajo clandestino como asistentes domésticos o cuidando de ancianos y niños. O son inmigrados-solución los que, en condiciones de explotación y, generalmente, de ilegalidad, realizan los trabajos más duros e ingratos, aquéllos que los ciudadanos europeos ya no quieren realizar pero que alguien debe de hacer.

Por su parte, son inmigrados-problema todos aquellos que, cuando llega la crisis, son los primeros en perder su trabajo y andan deambulando sin derechos ni prestaciones sociales a la búsqueda de alguna forma de ganarse la vida.

Quien ayer fue parte de la solución, mañana se convierte en el problema. Y, para cuando eso llegue, el gobierno italiano y la mayor parte de los gobiernos europeos quieren tener la pierna preparada para darles la patada. Ni más, ni menos.

La Europa de la vergüenza

Ya he escrito estos días atrás sobre la directiva europea sobre retorno de los inmigrantes ilegales que está elaborando la Comisión Europea y a la que ya denominan la “Directiva de la vergüenza”.

Esta norma, dedicada a regular la repatriación por la vía rápida de personas que se encuentren de forma irregular en el territorio de la Unión Europea, contiene entre otras medidas:

- la posibilidad de retener a los inmigrantes sin papeles hasta 18 meses en centros de internamiento con una simple orden administrativa y sin que se medie la intervención de un juez (su papel quedaría relegado a confirmar la decisión “lo antes posible”).

- la prohibición de entrar en el territorio de la Unión Europea durante un periodo de 5 años a toda aquella persona que hubiera sido expulsada.

- o el internamiento conjunto en los mismos centros de adultos y mayores.

En definitiva, una aberración que debería avergonzarnos a todos.

Pues bien, la citada directiva se votó el pasado día 7 de mayo en el Comité de Representantes Permanentes ante la Unión Europea como paso previo a su votación en el Parlamento Europeo que inicialmente estaba prevista para el día 5 de junio.

En esa votación previa, la Directiva se rechazó porque 11 de los 27 países votaron en contra.

¿Sabéis qué votó España? ¿Que no? ¿Ningún miembro de nuestro gobierno lo ha dicho? Pues sabed que España votó a favor de la aprobación de la Directiva.

Pero, frente a la opinión de España, la Directiva no se aprobó porque otros Estados pensaron que aún era excesivamente laxa. O sea, se constató aquello de que “otros vendrán que buenos nos harán”.

Reino Unido y Suecia votaron en contra porque en sus países la retención de los inmigrantes sin papeles se puede extender ilimitadamente y, por lo tanto, 18 meses les parecía poco.

Por otro lado, Austria, Alemania y Grecia se opusieron a que los Estados tengan que asumir los costes de la asistencia jurídica a los inmigrantes.

Y, finalmente, Francia se negó a votar favorablemente porque pretende que la expulsión de los menores sea también inmediata.

Así que, de momento, la aprobación de la Directiva se encuentra paralizada. Dado que no se aprobó en el trámite previo, no llegará al Parlamento Europeo. Pero, que no cunda el pánico, ahora se abre un periodo para proceder a renegociarla con los Estados que se opusieron y para que, consecuentemente, el resultado sea aún mucho más regresivo y contrario a los derechos humanos más básicos. Siempre se puede ir a peor o, como escribía hace un par de días, avanzamos retrocediendo.

Si queréis manifestar vuestra repulsa a esta Directiva podéis firmar en su contra en este enlace

 

Alberto Montero