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Notas archivadas en 'Personal'

Casi un mes en Quito

Para quienes se haya preguntado por mi ausencia durante estas semanas debo comunicarles que ha obedecido a una estancia en Quito que aún se prolongará unos días más.

Habitualmente suelo advertir de estas idas y venidas pero en esta ocasión me he dejado devorar por una dinámica de la que apenas he sacado tiempo más que para mí mismo sin que tampoco éste haya sido mucho.

Ahora, cuando ya hace casi un mes que ando por esta ciudad rodeada de volcanes durmientes, tengo un rato para hacer balance de estos días que, como me ocurre siempre que paso un tiempo en tierras latinoamericanas, suele ser más que positivo.

De entrada, estoy más que contento de haber impartido clases en FLACSO, en un ambiente que se presta al estudio y al intercambio intelectual y ante un grupo de alumnos de la maestría de Economía singularmente bueno. Uno de esos grupos que todo profesor ansía encontrar: ávidos por la lectura, capaces de discutir con un argumentario amplio, alejado de la demagogia y el pensamiento fácil, sensibles a nuevos planteamientos y al intercambio intelectual sin posiciones enrocadas y con pluralidad de perspectivas que han ido enriqueciendo mutuamente en el propio debate.

Igualmente, he reencontrado a algunos amigos por los que siento un profundo respeto intelectual, especialmente Alberto Acosta y su admirable defensa del proyecto Yasuní, del que daré cuenta en algún otro apunte.

Y, también como siempre, no todo ha sido trabajo y ha habido algún momento para escaparme fuera de esta ciudad cargada de volúmenes -como me gustan a mí las ciudades-, y recorrer algunos lugares de este chiquito y lindo país aunque esa historia tendrá que esperar a otro momento. Me están esperando.

Feliz 2010

Llega el momento de despedir un año y de prepararse para recibir a otro. Se supone que son momentos de revisión, de reflexión y de propósitos de enmienda y a eso dedicaré algunas horas y paseos durante este fin de semana alargado que nos regala el nuevo año nada más comenzar (¡eso es entrar con buen pie!).

Habrá que pensar en cómo pasó este año que ya muere. Seguro que en lo primero en lo que pensaré será en cómo esos años van transcurriendo cada vez más rápido. Habrá que pensar en que uno ya va teniendo una edad en la que hay que vigilar la salud si quiere seguir contándolo. Habrá que pensar en todo lo que se ha ido ganando y en lo que se ha perdido para conseguirlo. Habrá que pensar en todo lo que falta por consolidar y en lo que hay que dejar que acabe derrumbándose. Habrá que pensar en dar gracias por ser moderadamente feliz y en agradecérselo a quienes contribuyen cada mañana a ello. Habrá que ser, en definitiva, agradecido por todo y a todos; no tengo razones para otros sentimientos.

Por eso, y a modo de regalo por el año que acaba, para todas y todos los que os habéis mantenido ahí, ya os conozca personalmente o no, os dejo un fragmento de la música que escucho estos días.

Son versos de un poeta de mi tierra, Manuel Alcántara, en la voz profunda y el sentimiento cálido de Mayte Martín. Todo un regalo para el alma.

¡Feliz año!

Felices fiestas

No me gusta la Navidad. No sé por qué; no hay razón objetiva pero cuando llegan estas fechas me parece que la irracionalidad consumista en la que vivimos durante todo el año se manifiesta en toda su crudeza.

Han conseguido que convirtamos unas fiestas que debían estar basadas en el recogimiento y la fraternidad en una orgía del consumo adornada de derroches luminosos y en la que las carencias de quienes no tienen ni para ser ni para dar se hace más hiriente.

No tengo nada contra aquéllos a los que le gusta. Faltaría más. Para gustos los colores, que diría alguno. Pero, insisto, a mí no me gusta, lo que no quita para que no acabe sometiéndome a la mayor parte de sus liturgias a regañadientes y de mala gana.

Eso sí, lo que no hago de mala gana es felicitar a quienes habéis seguido este blog a lo largo del año, a los amigos de siempre y a los que he tenido la suerte de encontrar en este año, a mis seres queridos y a aquellos que siempre están ahí cuando los necesito porque saben que me tienen cuando necesitan de mí.

A todas y todos os deseo felicidad en estas fiestas. Pero no una felicidad abstracta y difusa sino una que sea concreta y precisa. Una que os haga sonreír cuando estéis tristes, que os inunde el pecho cuando sintáis emoción, que os haga llorar cuando sintáis un abrazo, que os haga ser mejores cada día porque sólo así el mundo podrá ser más acogedor para todos.

Para todas y todos, ¡mucha felicidad!

De domingo

Varias charlas en Madrid, Málaga y Oviedo durante estas dos últimas semanas unidas a las horas de clase, a la presión por terminar varios artículos pendientes y a que a uno de vez en cuanto también le gusta dormir me han mantenido alejado de este cuaderno.

Es domingo por la tarde. Después del trajín de esta semana creo que es buen momento para un video en el que la música para los sentidos de Jo Blankenburg y las imágenes de las maravillas que aún alberga este planeta agonizante nos alimentan un poco el espíritu y la esperanza.

Feliz semana.

Evo Morales en la Universidad Complutense

Este lunes pasado me correspondió el honor de presentar al Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, en un acto que organizaba la Fundación CEPS, a la que pertenezco, en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

De su discurso quisiera destacar la petición que nos hizo a los profesores y estudiantes allí reunidos: “ayúdenme a cambiar las conciencias”.

Esto demuestra que él tiene tan claro por dónde hay que empezar como lo tuvieron en su momento los popes del neoliberalismo cuando comenzaron su ofensiva para convertirnos a todos en prototipos de manual del “homos economicus”.

Podéis ver el video del acto pinchando en este enlace.

Cabo Verde: No Stress

Existen aún lugares en el mundo que reconfirmarían a Einstein en su teoría de que el tiempo es un concepto relativo y no un restricción asfixiante y fija sobre nuestras vidas; lugares para los que el retorno desde ellos a nuestra cotidianeidad exige un tiempo mayor de aclimatación que nos permita olvidar que se puede vivir con menos cosas y más despacio; lugares cuyo mayor valor paisajístico es la sonrisa de un niño, los cuerpos de una pareja paseando por una playa o la melodía de una canción.

Así es, o así me ha parecido que es, Cabo Verde, un lugar que te acoge con la frase que da título a este apunte: “No Stress”. Quienes sean capaces de asumir con todas sus consecuencias lo que esas dos palabras implican, la disfrutarán. Quienes piensen que porque un avión se retrasa varias horas el mundo va a hundirse será mejor que ni la pisen. Cabo Verde, como todo territorio en donde se vive de milagro, no admite medias tintas: o se acepta tal y como es o mejor buscar un destino alternativo.

Quienes se animen a visitarla descubrirán que cada una de sus islas tiene su aquél. Cada una es bella a su manera aunque todas comparten la alegría de sus habitantes; unos seres elegantes en su físico, amables en sus formas y risueños en su espíritu.

Como en otros viajes, en éste también he querido fijar en mi memoria algunos momentos que me produjeron sensaciones que, a través de la escritura, aspiro a resucitar cada vez que los relea en este cuaderno. Como no deseo hacer una crónica completa del viaje he elegido tres.

El primero, la sensación que tuve al pasear por el malecón de Ponta de Sol de encontrarme en uno de esos lugares en los que, si alguna vez me pierdo, probablemente podrían encontrarme allí, bebiendo cerveza y comiendo percebes en el Veleiro junto al puerto y frente al mar.

El segundo mientras jugaba con las olas en la playa de Santa Mónica, en Boavista, dieciséis kilómetros de playa completamente desierta de arena blanca y mar turquesa amenazadas por la próxima construcción de un complejo turístico promovido por una empresa española (se ve que no contentos con destrozar nuestro litoral también van a joder la playa ajena). La sensación de estar en una playa virgen en pleno mes de agosto es indescriptible, casi irreal. Luego, para cenar, y si se me acepta la recomendación, nada mejor que el carpaccio de atún que preparan en el Riba d’Olte para recomponerse de la paliza que da el mar. Aún sueño con él (con el carpaccio, se entiende).

Y el último recuerdo, el más intenso, fue paseando al atardecer por el paisaje lunar de Cha das Caldeiras, en la isla de Fogo. Al pasar junto a un anciano que desgranaba, con dedos como raíces de tanto hundirlos en la tierra, los pequeños rubíes de una granada, me espetó, sin ni siquiera mediar un saludo: “¿Quiere usted comer?”, tendiéndome la mitad de su fruta. La acepté y hablamos un rato. Contó que había estado dos veces en Estados Unidos, visitando a su hijo, pero que el resto de su vida la había pasado en su aldea, en el cráter del volcán; sacó de su casa el retrato de su antepasado, el duque de Montrond, y lo mostró con orgullo; habló de lo dura que era la vida y de lo que costaba arrancarle a la ceniza algo que llevarse a la boca. En un momento en el que hablaba de las frutas que se cultivaban en la zona, y al no entender a cuál de ellas se refería, sacó un par de membrillos para que no nos quedara la duda; cuando fui a devolverle el que me había entregado, me miró a los ojos y me preguntó, con humildad, como si sus palabras pudieran ofenderme ,“¿No lo quiere el señor?”. Yo no había entendido que no solo había utilizado la fruta para superar nuestras dificultades de comunicación sino que también nos la estaba regalando con la misma generosidad con la que minutos antes me había invitado a compartir su granada. Se llamaba Daniel, nombre bíblico del que se enorgullecía, y tenía setenta y cinco años. Esa noche estaba solo. Su mujer había enfermado y estaba abajo, en la clínica de San Felipe.

En fin, que ya estoy de vuelta y que las vacaciones se acabaron. Hola a todos.

(La foto es mía en Punta do Sol: una niña que ya sabe mirar de frente a sus semejantes. Como debe de ser).

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Vacaciones con morna

Bueno, pues por fin llegan las verdaderas vacaciones y las tapas de este cuaderno se cierran hasta finales de agosto.

Durante ese tiempo me dedicaré a recorrer algunas islas de Cabo Verde sin rumbo ni destino fijo, dejándome llevar por el ritmo lento de un pueblo del que todo el mundo destaca su amabilidad, su alegría de vivir y su amor por la música. Y es que, de vez en cuando, es bueno retornar a la lentitud y a las cosas simples.

¡Hasta la vuelta!

Dance me to end of love

Hace calor en esta noche de luna creciente y brisa de poniente. Huele a jazmín y Leonard Cohen anda de gira por España.

Pudiera parecer que nada tiene que ver con nada o que todo está relacionado con todo. Da igual.

Pudiera parecer que el amor tiene fin y que a él sólo se puede llegar bailando. ¿Será cierto?

Pudiera parecer que la luna, la brisa o el jazmín me han trastornado. ¿Y a quién no?

 

Perdón por el silencio

Quizás estas disculpas no sean más que una forma de calmar esta absurda mala conciencia que me nace cada día que pasa sin escribir en este cuaderno y que se acrecienta exponencialmente cuando el silencio se extiende varios días consecutivos.

De hecho, debería asumir que ni las disculpas son necesarias ni escribir cada uno o dos días una obligación, pero este cargante sentido calvinista de la culpa inculcada desde pequeño me fuerzan a pedirlas y reclamar la indulgencia de quienes se acercaron y no me encontraron.

Por si sirviera de excusa se han mezclado varias circunstancias que me han mantenido un poco alejado de estas páginas: la preparación de una conferencia para los Cursos de Verano de El Escorial; la propia conferencia y una agenda apretada durante unos días en Madrid; el cansancio acumulado durante este largo semestre; y, también, más ganas de leer que de escribir.

Así que lo dicho, perdón por el silencio y trataré de recuperar la disciplina perdida hasta que cierre el chiringuito por vacaciones.

Ha muerto Mario Benedetti

A fuerza de irse muriendo mis referentes personales, ahora Mario Benedetti, este cuaderno va a acabar convertido en algo parecido a una página de necrológicas de un periódico de provincias repleta de esquelas de ilustres. ¡Vaya racha llevamos!

Lo único que me consuela es que Benedetti no se va. Es demasiado grande y no cabe en el cielo, así que seguiremos teniéndolo por aquí, en la tierra. Aquí siguen sus poemas, sus novelas, su ironía, su ternura, su rabia, su incapacidad para el olvido y su grandeza para el perdón. Lo jodido es que también aquí nos deja tristes a todos los que lo quisimos por lo que decía y por cómo lo decía: tan bonito.

A modo de homenaje, dejo su Currículum y también un video en el que, a dos voces, con Daniel Viglietti, cantan y recitan, recitan y cantan, a los desaparecidos de todas las dictaduras. El escalofrío que me recorre la espalda al escucharlos sigue siendo idéntico al de la primera vez.

CURRICULUM

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

Alberto Montero